domingo, 4 de junio de 2017

El hombre de la multitud

Resulta sospechosa la aparente unanimidad en la opinión pública sobre la actualidad política. Esa tendencia a relacionar la elección de Donald Trump en Estados Unidos con el Brexit en el Reino Unido o el ascenso de la extrema derecha en Europa y de otros partidos que tildamos de populistas, aunque no sepamos muy bien qué queremos decir con eso, pues si atendemos al diccionario de la RAE, nos referimos a un partido perteneciente al pueblo, lo que significaría el mayor de los elogios, ya que el principio que fundamenta una democracia es la soberanía popular. Muy al contrario, lo que revelan estos análisis es el miedo a una sociedad incontrolada, a ciudadanos que expresan con su voto su impotencia o su radicalidad. ¿Se trata de una sociedad incontrolable? Lo que más me asombra de los análisis políticos es que no suelan entrar en las razones que originan estos cambios, y que tampoco se señale a los responsables. Hemos deseducado a los ciudadanos para que dejen de pensar por sí mismos, y ahora nos inquieta que lo hagan, y además que no opinen como nos gustaría. Como en el cuento de Edgar Allan Poe que da título a esta columna, estamos creando ciudadanos que tienen miedo a la individualidad y a pensar por sí mismos. A quedarse aislados de la multitud, de las redes sociales, del pensamiento único. Que tienen miedo a enfrentarse con su responsabilidad, por lo que necesitan la compañía de esa masa vociferante que ya no es una sociedad ni un conjunto de individuos, sino el monstruo de la multitud, que está representado en toda Europa por partidos como el Partido de los Daneses (Dinamarca), Amanecer Dorado (Grecia), Partido Nacional-Demócrata (Alemania), Movimiento Resistencia Nórdica (Suecia), Lealtad y Acción (Italia), Reclutas Eslovacos (Eslovaquia), el Partido del Progreso (Noruega), Jobbik (Hungría) o el Frente Nacional en Francia, cuya derrota en las pasadas elecciones han celebrado muchos europeos. ¿Y España? ¿Años de dictadura nos vacunaron contra el extremismo? En ciudades ultraconservadoras como Granada sabemos que no, y sólo hay que acordarse de los actos de la Toma. Pero hay más. Porque grupos ultras como Núcleo Joven tienen miles de seguidores en Twitter, entre ellos a demasiados estudiantes universitarios que periódicamente protagonizan incidentes en la ciudad. Y es que a veces, como escribiera Poe, la densidad de la muchedumbre te hace sentir solo. En la soledad creamos monstruos, como el miedo en las tinieblas. Pero qué lejos del ser humano se encuentra el hombre de la multitud.

IDEAL (La Cerradura), 4/06/2017