domingo, 23 de julio de 2017

España chirona

Como si fuera una metáfora del país, la liga española de fútbol se desintegra: Cristiano Ronaldo está triste, Neymar se va al PSG, detienen al presidente de la Federación, Ángel María Villar, después de veintinueve años en el cargo. ¿A alguien puede extrañarle? El mundo del fútbol tiene su espejo en la política: nepotismo, tráfico de influencias, millonarios derechos de televisión, defraudación, compra de votos, comisiones ocultas en los fichajes, todo consentido por una población que acude a los estadios como a las urnas, alienados, medio autistas, drogados por las noticias del mercado, un bombardeo de balones opiáceos. ¿Y cómo limitar los mandatos en la Federación Española de Fútbol, una asociación privada pero de utilidad pública, si se permite lo contrario en los ayuntamientos, en las comunidades autónomas y en el gobierno de la nación? ¿Por qué iba a ser esta entidad deportiva un cortijo diferente? Si uno acude a los estatutos de la Federación, se encuentra con que es una asociación sin ánimo de lucro, lo cual te hace soltar una carcajada, si tenemos en cuenta el sueldo de su presidente, diez veces más alto que el de Mariano Rajoy. Porque Ángel María Villar gana más de 750.000 euros anuales, contando sólo lo que cobra de la propia Federación, la FIFA y la UEFA; más las dietas, claro, aunque según al UCO ha cobrado también comisiones por la celebración de encuentros amistosos de la Selección Española de Fútbol. Pero la presidencia de una asociación sin ánimo de lucro debería ser un cargo sin ninguna remuneración, como ocurre en la mayoría de las entidades que adoptan estas formas jurídicas, y cuyos fines suelen ser políticos, sociales y culturales. También deportivos, pero cuando lo que pretenden fomentar verdaderamente son valores como el esfuerzo, la superación y el compañerismo, sobre todo entre los más jóvenes. Pero ¿es esto lo que fomenta un deporte como el fútbol hoy día? Cuando un niño te dice que de mayor quiere ser Messi o Cristiano Ronaldo, probablemente esté pensando ya en los números de la cuenta corriente, además de en alguna pose estúpida o un nuevo corte de pelo. ¿Qué ocurrirá en el resto de federaciones regionales y en los demás deportes? ¿Podemos presumir que será lo mismo que en los partidos políticos, también entidades privadas que cumplen fines públicos? ¿Y lo mismo que en las Administraciones públicas, donde tantas personas demuestran el mismo apego al cargo que Villar? ¡Cuántas vocaciones de servicio público existen en esta España santa y chirona!

IDEAL (La Cerradura), 23/07/2017

domingo, 16 de julio de 2017

Iceberg

Como ese iceberg diez veces más grande que la ciudad de Madrid que acaba de desgajarse de la Antártida, también la política granadina marcha a la deriva, aunque lamentablemente no creo que ésta se derrita, ni que alcance las Islas Malvinas. La política y los políticos granadinos funcionan por inercia, y si el PP había convertido el Ayuntamiento en un cortijo para especuladores durante años, ahora es incapaz de reconocer sus errores, como hace el propio partido en Madrid, por lo que no podrán desligarse del soniquete de la corrupción, que parece asimismo un problema continental. Pero el problema del Ayuntamiento de Granada es de desgobierno, porque aquí cada partido va a lo suyo pase lo que pase, y son incapaces de adaptarse a las circunstancias. Con ocho concejales, Paco Cuenca puede hacerse poco más que fotos aquí y allá, y si no hay un pacto entre los grupos municipales Granada se irá a la quiebra, aunque hace tiempo que quebró en el plano moral. Pero si uno atiende a las declaraciones de los portavoces de los otros partidos, más bien lo que esperan es que Cuenca se haga un harakiri, como se lo han practicado entre todos al Centro Lorca. ¿Cómo se explica la inoperancia de un consorcio donde están representadas todas las Administraciones públicas españolas? Una salida fácil sería decir que es un ejemplo más del esperpento de nuestra organización territorial, pero es que la actualidad informativa granadina pasa por un permanente día de la marmota. Como un mantra que hubiera que repetir, corrupción urbanística, cuentas municipales, AVE, metro y las facturas del Centro cambian de orden en los titulares informativos, aunque el resultado sea siempre el mismo: cero absoluto, como decía en el colegio un profesor de cuyo nombre no quiero acordarme. ¿Nadie es capaz de cambiar esta inercia alienante? ¿No pueden los partidos políticos de la capital llegar a un gran pacto por la ciudad? En este sentido, es de aplaudir la iniciativa del alcalde para consensuar con el resto de las fuerzas políticas “las propuestas que definirán el futuro de la ciudad”. ¿Y cuáles son esas propuestas? Significaría un punto de inflexión para Granada ver a los portavoces de los grupos municipales explicando juntos esos proyectos y comprometiéndose a ejecutarlos. En los últimos meses, los granadinos han demostrado en las manifestaciones contra la fusión hospitalaria o el desmantelamiento del TSJA que son capaces de cambiar las cosas. Y es hora de que también nuestros concejales rompan con la inercia de esta política iceberg.

IDEAL (La Cerradura, 16/07/2017)

domingo, 9 de julio de 2017

Indígenas

Cuando se celebran veinticinco años de la aparición del fantasma del Ave en Granada, uno puede sin embargo subirse en un avión y soñar con una ciudad diferente de la discutida una vez más en el salón de plenos del Ayuntamiento. Hasta que vuelves a aterrizar en el aeropuerto Federico García Lorca, claro, y sufres de nuevo el puñetazo de la malafollá. Empezando por el control de entrada. Si en un aeropuerto diez veces mayor de una ciudad veinte veces mayor uno apenas tarda diez minutos en mostrar su pasaporte, aquí puede pasarse media hora haciendo cola en un recinto minúsculo, pues sólo hay un policía en el puesto, que además habla únicamente en español a los viajeros, sean estos españoles, ingleses o polacos. “Sólo spanish”, afirma simpático cuando a una estupefacta viajera se le ocurre hacerle una pregunta. Y como si algún hado maléfico quisiera que te olvidaras de lo que era la civilización, la posesión por el espíritu de la malafollá se produce cuando entras en uno de los taxis que opera de manera monopolística en el aeropuerto. Un vehículo sin taxímetro conducido por una especie de indígena granadensis que te explica entre gruñidos que sólo hay dos tarifas: la uno, que cuesta 28 euros, si te lleva a Granada capital; y la dos, que cuesta 30 euros, y que se aplica “de noche” (sic). Y como hasta para el indígena el argumento resulta algo rocambolesco, añade a continuación que lo mismo ocurre en ciudades como Madrid, Barcelona o Málaga, donde “aunque los taxis lleven taxímetro en realidad te aplican una tarifa única” (sic). En ese momento ya estás gritando interiormente: “¿Por qué? ¿Por qué has tenido que volver? ¡¿Por qué?!” Pero tampoco tienes tiempo de exteriorizarlo, pues ahora el indígena atiende alegremente una llamada telefónica, con el manos libres, eso sí, para que los pasajeros podamos participar del entretenimiento local. Y aquí empiezan los gritos y exabruptos reales. Porque se ve que el cuñado del indígena –que es el interlocutor- no ha podido hacer una gestión relacionada con ¡la licencia del taxi! “¡Si es que en el ayuntamiento de Santa Fe son unos inútiles!”, grita el indígena. Y después se caga en todo el santoral. En ese punto, los pasajeros –y quizá el cuñado- estamos al borde del infarto del que nos habíamos librado al aterrizar. Pero el taxista sigue a los suyo, gritando, hasta que al final llegamos a nuestro destino y concluye: “¡Lo que hay allí metío!”, que es precisamente lo que tú piensas. En dónde nos habremos metido.

IDEAL (La Cerradura), 9/07/2017

domingo, 2 de julio de 2017

Plurinacional

Resulta inquietante la ignorancia olímpica de algunos de nuestros políticos, que utilizan conceptos sin saber lo que significan, proponiéndolos incluso como modelo constitucional. Ocurre con el término que da título a esta columna, del que se sigue hablando esta semana. Porque se trata de un concepto acuñado en España, aunque la vicesecretaria general del PSOE, Adriana Lastra, haya ido a buscarlo a América Latina, donde países como Bolivia, Ecuador o Perú lo importaron con un sentido muy diferente, pues allí sí puede hablarse con propiedad de procesos de emancipación de los pueblos indígenas, que aún deben superar los resabios coloniales. Pueblos aborígenes que han sufrido la segregación racial y económica, la exclusión y la marginación, algo que no puede decirse de “las nacionalidades y regiones” que integran la nación española, por utilizar los términos de la Constitución, y que se han desarrollado democráticamente. De hecho, aunque las propias constituciones de Ecuador o Bolivia utilicen el término plurinacional para referirse a la organización territorial del Estado, en estos países no existe una verdadera parcelación del poder político, porque los gobiernos autónomos descentralizados ecuatorianos o los departamentos bolivianos carecen de parlamentos, y se parecen mucho más a nuestras corporaciones locales, que tienen una autonomía administrativa, pero no política. Algo que saben bien nuestros ayuntamientos, que no crean leyes, sino que aplican las estatales, como también ocurre en estos países de América Latina. Sí es verdad que en Bolivia y Ecuador se ha dotado de personalidad jurídica y por tanto de derechos a los pueblos indígenas y hasta a la propia naturaleza (algo que sí merecería la pena copiar aquí para la protección efectiva del medioambiente), pero, fuera de algunos políticos, no veo yo en España a los indígenas por ninguna parte. De hecho, quizá habría que recordarle al PSOE que fue un político conservador, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, el que allá por la denostada Transición, habló de una “nación de naciones”. Y fue Gregorio Peces Barba quien, en el mismo proceso constituyente, destacó tres aspectos del artículo dos de la Constitución española: “Primer aspecto: España-Nación, cuya unidad se afirma vigorosamente; segundo aspecto: España compuesta por comunidades que se califican como nacionalidades y regiones y respecto de las cuales se predica y se garantiza el derecho a la autonomía; tercer aspecto: la necesaria solidaridad entre todas estas nacionalidades y regiones”. Y afirmó que “la nación de naciones puede ser un solo Estado”. Quizá les resultara ilustrativo a nuestros actuales políticos leerse los diarios de aquellas modélicas sesiones.

IDEAL (La Cerradura), 2/07/2017

domingo, 25 de junio de 2017

Calor

Mientras en USA cierran aeropuertos por la ola de calor, en Andalucía autorizan a los padres a no mandar a sus hijos al colegio, vayamos a que les dé un soponcio. ¿Se habrá convencido Donald Trump del cambio climático? ¿Lo explicarán en esos colegios públicos andaluces que tienen aulas prefabricadas y techos de uralita? Pedro Sánchez nombra a la nueva ejecutiva del PSOE y Susana Díaz exclama: “¡Ozú, qué caloor!” Que es lo que dicen también los granadinos cuando vuelven a oír que dentro de poco vendrá al Centro Lorca el legado del poeta. Y que pronto tendremos el metro. “¡Ozú, qué caloor!” Y que las obras del Ave progresan adecuadamente. Y que lo mismo hasta arreglan las cuentas municipales. “¡Ozú, qué caloor!” Como los colegios andaluces, que en estas fechas parecen más bien invernaderos construidos con la finalidad de producir mano de obra barata y sobradamente preparada menos para las inclemencias meteorológicas, la actualidad política es un bochorno capaz de licuar cualquier tipo de vida inteligente. Y quizá tenga algo que ver el informe de Cáritas y la Fundación FOESSA, publicado esta semana, que habla de un país donde muere más gente de la que nace y los que viven son más pobres de lo que eran cinco años antes. Un país donde seis de cada diez hogares no llegan a fin de mes; o donde nos hemos acostumbrado a que existan pobres y donde el 71% de la población cree que votar no sirve para nada, hartos quizá de abochornarse por la actuación –ya hablan más en las redes sociales que en el Parlamento- de nuestros representantes públicos. Un país donde el 47,1% de los encuestados cree que dentro de cinco años estará igual que hoy, y otro 26,4% cree que empeorará, lo que tampoco habla bien de nuestra clase política. Pero es que no es lo mismo crecimiento económico que progreso social, como destaca el secretario de Cáritas, Sebastián Mora, quien señala que las personas excluidas no están en el debate público ni son una prioridad. No, en España seguimos aprendiendo a hacer la o con un canuto, reescribiendo la Transición y redescubriendo conceptos como el de plurinacionalidad, que copiamos a países como Bolivia, que nos lo había copiado previamente, donde se aplica a las comunidades indígenas, aunque allí no exista propiamente como aquí una parcelación del poder político y las llamadas plurinacionalidades tengan muchas menos competencias que las Comunidades Autónomas españolas. “¡Ozú, qué caloor!” Necesitamos partidos y políticos que trabajen para solucionar los problemas reales de los ciudadanos.

IDEAL (La Cerradura), 25/06/2017

domingo, 18 de junio de 2017

Tolerancia

Resulta muy ilustrativa sobre la ciudad en que vivimos la polémica creada en torno a la celebración del Ramadán en los jardines del Triunfo de Granada, una plaza pública con una dilatada historia, pues acogió una basílica visigoda en el siglo XI, un cementerio musulmán el en siglo XIII, el Hospital Real en el siglo XVI y la instalación de la estatua de la Inmaculada en el XVII, que vio el fusilamiento de Mariana Pineda en el XVIII así como la edificación de la plaza de toros del Triunfo que le da nombre, después de la expulsión de los franceses. ¿Qué más podría haber pasado en este recinto? Pues que algunas personas se creen que es de su propiedad, y que en un Estado aconfesional las administraciones necesitan su permiso para autorizar un acto social, ya sea de contenido político, cultural, deportivo o religioso. ¿Hubiera sido más adecuado que, en vez del Ramadán, los hinchas del Granada CF hubieran celebrado un hipotético campeonato de liga –y tan hipotético- donde algún orangután se hubiera encaramado a la estatua para ponerle una bufanda rojiblanca? Que alguien se tome a mal la celebración de un acto pacífico de convivencia sólo revela nuestra falta de cultura democrática. ¿Hubiera generado alguna polémica la celebración de un acto budista con Richard Gere a la cabeza? En unos momentos de temor al yihadismo fundamentalista, todo se magnifica e instrumentaliza. Y resulta lamentable que lo hagan algunos partidos políticos, a los que debería interesarles más la perfecta integración de aquellos musulmanes que, como el imán de la Mezquita mayor de Granada, Sheij Ahmed Bermejo, están convencidos de que el islam es “convivencia y generosidad”. Particularmente, son los vecinos que a mí me gustaría tener, independientemente de sus creencias religiosas, porque, más bien, lo que estoy acostumbrado a ver es a personas con un nivel cultural paupérrimo. Personas que siempre se sienten agraviadas por lo que hacen o piensan los demás, simplemente porque no coincide con sus costumbres ni con su propio pensamiento. Esas personas que han llenado las redes sociales de insultos a la propia inteligencia, pero que rezan el rosario en el mismo lugar “en desagravio, defendiendo las costumbres, valores y cultura heredadas”. ¿Sabe esta gente cuál es su cultura heredada? ¿Se refieren a la Alhambra o al Albaicín quizá? Porque se parece más bien al racismo y a la xenofobia. Y nadie debería ignorar ya que vivimos en una sociedad multicultural. Una sociedad que sólo sobrevivirá si ejerce los valores del respeto y la tolerancia.

IDEAL (La Cerradura), 18/06/2017

domingo, 11 de junio de 2017

Enseñanza pública

Me parece una medida excelente que la Junta bonifique el 99% de la matrícula de los estudiantes que aprueben el curso en las universidades andaluzas; siempre, claro está, que este coste no sea repercutido a las propias universidades. De hecho, la enseñanza pública debería ser gratuita en todos los niveles independientemente de la renta de los alumnos, y resulta alentador que sea Andalucía, una de las comunidades con los índices de paro y pobreza más altos de España, quien lidere esta iniciativa, que espero que imiten otras comunidades autónomas. Porque, sin duda, la inversión en educación debe ser prioritaria para cambiar la matriz productiva de la región, tradicionalmente apegada a la agricultura y el turismo, para sustituirla por una matriz del conocimiento. Pero se trata de algo más que del crecimiento económico y de las demandas del mercado de trabajo. Se trata de formar a universitarios, es decir, a personas que conocen las reglas del mundo y están preparadas para encontrar su lugar en él. Y para eso es necesario que la educación sea exigente, pero también desarrollada en unas instituciones flexibles y conectadas a la realidad, y ejercida por profesionales comprometidos con su trabajo y con la sociedad en que viven. Un gran ejemplo del poder y la función de la educación pública lo tenemos en Mohammad, refugiado sirio de once años y granadino de adopción, a quien nos presentaban Ángeles Peñalver y Ramón L. Pérez en IDEAL esta semana. Hace dos años Mohammad no sabía español, y hoy, sin embargo, es uno de los mejores alumnos de su colegio. Como explicaba su padre, Rabie Zahran, doctor en Historia, esto no hubiera sido posible sin el apoyo de los profesores y el director del CEIP Vicente Aleixandre. Y ahí tenemos a un padre que hace equipo con el colegio de su hijo para mostrarnos un modelo de integración social en unos tiempos en los que hay quien pone en duda las garantías del Estado de Derecho. Pues la mayor fortaleza de la democracia para enfrentarse al fundamentalismo es la educación, dándoles las herramientas a los jóvenes para que crean en nuestra sociedad y sean capaces de trabajar y desarrollarse en ella. Pero no es ése el camino que ha tomado España, que destina menos del 4% del PIB a educación, y donde casi el 23% de los jóvenes entre quince y veintitrés años ni estudia ni trabaja. Son cifras vergonzosas, que nos colocan a la cola de los países de la OCDE. Como sabe Mohammad, aprender es vivir dos veces.

IDEAL (La Cerradura), 11/06/2017

domingo, 4 de junio de 2017

El hombre de la multitud

Resulta sospechosa la aparente unanimidad en la opinión pública sobre la actualidad política. Esa tendencia a relacionar la elección de Donald Trump en Estados Unidos con el Brexit en el Reino Unido o el ascenso de la extrema derecha en Europa y de otros partidos que tildamos de populistas, aunque no sepamos muy bien qué queremos decir con eso, pues si atendemos al diccionario de la RAE, nos referimos a un partido perteneciente al pueblo, lo que significaría el mayor de los elogios, ya que el principio que fundamenta una democracia es la soberanía popular. Muy al contrario, lo que revelan estos análisis es el miedo a una sociedad incontrolada, a ciudadanos que expresan con su voto su impotencia o su radicalidad. ¿Se trata de una sociedad incontrolable? Lo que más me asombra de los análisis políticos es que no suelan entrar en las razones que originan estos cambios, y que tampoco se señale a los responsables. Hemos deseducado a los ciudadanos para que dejen de pensar por sí mismos, y ahora nos inquieta que lo hagan, y además que no opinen como nos gustaría. Como en el cuento de Edgar Allan Poe que da título a esta columna, estamos creando ciudadanos que tienen miedo a la individualidad y a pensar por sí mismos. A quedarse aislados de la multitud, de las redes sociales, del pensamiento único. Que tienen miedo a enfrentarse con su responsabilidad, por lo que necesitan la compañía de esa masa vociferante que ya no es una sociedad ni un conjunto de individuos, sino el monstruo de la multitud, que está representado en toda Europa por partidos como el Partido de los Daneses (Dinamarca), Amanecer Dorado (Grecia), Partido Nacional-Demócrata (Alemania), Movimiento Resistencia Nórdica (Suecia), Lealtad y Acción (Italia), Reclutas Eslovacos (Eslovaquia), el Partido del Progreso (Noruega), Jobbik (Hungría) o el Frente Nacional en Francia, cuya derrota en las pasadas elecciones han celebrado muchos europeos. ¿Y España? ¿Años de dictadura nos vacunaron contra el extremismo? En ciudades ultraconservadoras como Granada sabemos que no, y sólo hay que acordarse de los actos de la Toma. Pero hay más. Porque grupos ultras como Núcleo Joven tienen miles de seguidores en Twitter, entre ellos a demasiados estudiantes universitarios que periódicamente protagonizan incidentes en la ciudad. Y es que a veces, como escribiera Poe, la densidad de la muchedumbre te hace sentir solo. En la soledad creamos monstruos, como el miedo en las tinieblas. Pero qué lejos del ser humano se encuentra el hombre de la multitud.

IDEAL (La Cerradura), 4/06/2017

lunes, 29 de mayo de 2017

Renta básica

En una sociedad donde abunda la miseria siempre hay quien se aprovecha para sacar ventaja. Prestamistas, especuladores, estraperlistas que, amparados en la ley de la oferta y la demanda, aceptan a precio de saldo las herencias familiares. Las calles se han llenado de casas de empeño, de marchantes que compran plata y oro al peso, o cualquier objeto valorable económicamente y al que se le pueda sacar un beneficio. Es algo legal, desde luego, desde la Edad Media, y ya no son los tiempos en los que, con la excusa de la religión, se expulsaba a los prestamistas a los que se les debía dinero, como ocurrió en España con los judíos. Actualmente, el país es de los prestamistas, de los bancos que a través de las instituciones europeas nos obligan a ajustar las cuentas públicas. Y se ve que es algo necesario, si atendemos a la gestión torticera que algunos políticos y empresarios hacen de los recursos y de las subvenciones europeas, de la obsesión de parte de la sociedad de aprovecharse del sistema, de este Estado social y democrático de derecho, como lo define la Constitución española, y que sin embargo ha marginado a buena parte de los ciudadanos. Según datos del INE, el 35,4% de la población andaluza se encuentra en riesgo de pobreza, y el 27,9% en el ámbito nacional. Y eso en un país que presume de batir récords de crecimiento económico, pero donde el sueldo medio ya no alcanza siquiera los mil euros. ¿Mileuristas? Este es ya un término para referirse a una clase privilegiada dentro de la generación de jóvenes que todavía viven en España. Pero ¿habría alguna manera de terminar con tanta desigualad? Yo creo que sí: instaurando el derecho a recibir una renta básica del Estado, que debería estar recogido en las constituciones en el mismo capítulo que establece el principio de capacidad económica como criterio rector del deber de los ciudadanos de contribuir al sostenimiento de los gastos públicos. Y que deberían explicarle también a Cristiano Ronaldo. Para el caso, según vienen avisando los medios, en un futuro próximo la mayoría de los trabajos serán desempeñados por robots. Y si, por otra parte, según Credit Suisse, el 1% de la población mundial dispone del 75% de los recursos económicos del planeta, ¿dónde está entonces el problema? ¡Que repartan un poco! A ese 1% le dará igual que trabajen personas o robots. Lo que no sé es si los prestamistas consentirían que una máquina sustituyese a Cristiano Ronaldo. Para pagar impuestos, claro.

IDEAL (La Cerradura), 28/05/2017

domingo, 21 de mayo de 2017

Marcianos

Los políticos españoles están desorientados, y ven fantasmas por todas partes: ucos, udefs, ufos (unidentified flying object), ovnis, que es como se traduce en castellano a los objetos voladores no identificados. No identificados por los partidos o por los políticos mismos, que cuando los detienen exclaman: “¿Qué es eso de la UDEF?” Pues cualquier ciudadano sabe que se trata de la policía, la pasma, la bofia o los picoletos, aunque, en este caso concreto, sean la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal de la Policía Nacional y la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil. A las que, por lo visto, y a pesar de los apelativos, se les tiene mucho más respeto en la calle que en los parlamentos (contando los autonómicos, tenemos dieciocho en España, aunque a menudo nos preguntemos para qué). Y por eso ahora quieren controlar a la policía, como ya se hace con los fiscales y se intenta hacer con los jueces, pues a nuestros políticos no les gusta que les investiguen, ya que creen vivir en un cortijo que llamamos democracia. Así, los que están acostumbrados a meter la mano en las arcas públicas, cuando se les acusa por ello hablan de manos negras, mientras señorías y periodistas hacen cábalas sobre quién sustituirá al juez Velasco y enjuiciará los casos de corrupción “Púnica” y “Lezo”. En un país donde la justicia funcionase de manera independiente, ¿le importarían a alguien las ideas políticas de los magistrados de la Audiencia Nacional? Probablemente sólo a los imputados. Pero aquí le importan a todo el mundo, y todo el mundo cuestiona la actuación policial y judicial, lo que evidencia –además de una ausencia alarmante no ya de formación jurídica, sino de ética- que lo único que nos preocupa de la justicia es poder influir en ella. Algo normal, por otra parte, en quien está acostumbrado a mandar y a ponerse el mundo por montera, que no un tricornio o una gorra con la enseña nacional. Esta semana hemos escuchado a Cristina Cifuentes cuestionar la objetividad de la policía, y también a Isabel Nieto y a José Torres Hurtado, que curiosamente tienen en común ser investigados por los delitos de prevaricación y cohecho por parte de dos cuerpos policiales distintos, tutelados por la fiscalía y la judicatura. Pero a nuestros políticos les preocupa que los cuerpos de seguridad fomenten “el populismo mediático”. Y así todos los días. Quizá tengan en común participar en las mismas cosas de las que nos protegen. ¡Nos atacan los marcianos!

IDEAL (La Cerradura), 21/05/2017

domingo, 14 de mayo de 2017

Pelos

Tengo por costumbre preguntarle a la gente sobre qué escribiría un artículo si tuviera oportunidad, por lo que muchas veces no soy yo quien escoge el tema de las columnas, sino que prefiero seguir el mejor criterio de los demás. En ese sentido, confieso que me decanto por lo tradicional, porque no acudo a Facebook ni a Twitter, sino a las peluquerías del barrio, que suelen ser los lugares donde se habla más abiertamente, quizá porque ya te están cortando –que no tomando- el pelo-. El que está acostumbrado a cortarlo y a tomarlo es el peluquero y, si como es el caso, se trata de un hombre mayor, no tiene pelos en la lengua, que ya te apura los del cogote. Y el repaso que hace de la actualidad es preocupante, tanto por la actualidad en sí como por su visión de lo que ocurre. “Habría muchas cosas que denunciar”, afirma, poniéndose delante de mí y enarbolando las tijeras de un modo amenazador. “Verás como me habla del Valle de los Caídos”, pienso. Y efectivamente. “¿No tiene nada más que hacer la izquierda que exhumar a Franco?” El peluquero deja la pregunta en el aire y vuelve a mi cogote, por lo que me abstengo de contestar, pues el riesgo me parece demasiado grande. La última vez que le llevé la contraria, me hizo una rapada. “Y a ver”, continúa. “¿A quién se le ocurrió que hubiera un metro en Granada? ¿Nadie estudió el trazado? ¿Ahora se han dado cuenta de que hay veinticinco puntos conflictivos?” Carraspeo un poco y hago ademán de contestar, pero, como siento la punta de las tijeras cerca de mi oreja, opto por seguir callado. “Y luego está lo del Granada, claro”, continúa. “¡Que el equipo ya no es de Granada, coña! ¡Que es chino!”, exclama con un cabreo creciente. Por fortuna, el peluquero abre los brazos en ese momento, por lo que mantiene el filo lejos de mi cuello, así que me atrevo a decir: “Lamentable”. Pero el hombre no se calma. “¡La culpa la tenemos los ciudadanos, que lo permitimos!” Y quizá sea el sentimiento de culpa lo que le haga guardar silencio y continuar cortándome el pelo durante un largo minuto. “Esto es muy grande”, concluye, mientras abre la navaja para repasarme las patillas. “¿Se referirá a mi cabeza?”, pienso, y me acuerdo de un refrán que dice: “La habilidad del barbero consiste en dejar patilla donde no hay pelo”. Algún día intentaré contestar a alguna de sus preguntas. O cambiar de peluquero.

IDEAL (La Cerradura), 14/05/2017

domingo, 7 de mayo de 2017

¡A bailar!

Pues resulta que en Granada llevábamos años quejándonos de la conexión ferroviaria por puro vicio. Lo han comprobado los pasajeros del tren Al-Ándalus, que hicieron parada en la estación granadina, como si tal cosa. O como si fueran íntimos de Franco, que solía organizar el transporte público a su antojo. Porque ese tren ha utilizado para su trayecto la inviable línea de Moreda. Y ya nos han cabreado al alcalde, Francisco Cuenca, que se lo ha dicho por carta al ministro de Fomento: “Jo, Íñigo, cómo eres… Comprenderás que no salga de mi asombro al comprobar que esa conexión le sea negada a Granada y se use para otros servicios”. Y no es el único. Pero quizá le haya contestado Íñigo que la gente sigue viajando a Granada vía Antequera. Que no quedan billetes de tren desde Madrid o Barcelona en todo el mes de mayo. ¿Alguien lo entiende? Pues sí. Los empresarios de hostelería, que son ya casi tantos como los camareros que trabajan en la ciudad. Porque museos no tendremos muchos, pero bares… No hay ninguna capital en el mundo con tantas barras por kilómetro cuadrado y, por si no eran suficientes, nuestra mayor alegría esta semana ha sido que han vuelto a sacarlas a la calle en el Día de la Cruz, que ha salpicado de nuevo los barrios de botellones. Y es que estamos tan contentos, que la Federación de Hostelería, que ya se frota las manos pensando en el Corpus, quiere llevar la feria al centro de la ciudad. Pero si aquí vivimos una feria permanente. ¿No se han dado cuenta? Si hasta el New York Times dice que las tapas son nuestra “forma de vida”. Pues alguna virtud tendríamos que tener. Así que Granada ha reducido casi un 12% el paro respecto al mes de abril de 2016, y nos está faltando tiempo para montar las casetas. Que con eso y un espárrago –excelente campaña la de este año- hay 11.732 parados menos. No importa si se trata de contratos temporales, a fin de cuentas, estamos de paso, y como vivimos en un estado transitorio, ¡a bailar, a bailar y a bailar! “Ozú, qué zevillanah maz bonitah”, que es donde va a terminar la sede del TSJA. Es lo que otro amante de las tapas granadinas, el cocinero Jordi Cruz, les dirá a sus becarios: “¿Pero no os dais cuenta de lo que aprendéis trabajando? ¿Para qué queréis cobrar?” Menuda pregunta tonta. Ni que hubiera que pagar las tapas en el bar.

IDEAL (La Cerradura), 7/05/2017

domingo, 30 de abril de 2017

Justicia

En un país donde las mayores preocupaciones de los ciudadanos son el paro y la corrupción, resulta más llamativa –por decirlo suavemente- la relación que los gobiernos y buena parte de la clase política tienen con la Justicia. Es una relación de “absoluto respeto”, si atendemos a las declaraciones de Mariano Rajoy, por ejemplo, pero que se revela sin embargo como de absoluta injerencia cuando leemos que el fiscal jefe Anticorrupción, Manuel Moix, que depende jerárquicamente de la Fiscalía General del Estado y, por tanto, del Gobierno, intenta paralizar los registros de la Operación Lezo, sobre la corrupción del PP en la Comunidad de Madrid. O tal vez se trate de una indiferencia interesada, si observamos la pasividad de la Junta ante el desmantelamiento de la sede del TSJA en Granada, aunque la ciudad tenga la consideración de capital judicial en el Estatuto de Andalucía. La verdad es que el lenguaje del Estatuto, forzado por la corrección de género, resulta casi tan farragoso como el de Susana Díaz, pero no tanto como para que los jueces que han votado a favor de esta decisión en el pleno del TSJA ignoren ese mandato.  Quizá tenga algo que ver que la creación de las nuevas Salas de lo Penal sea una vieja demanda del Colegio de Abogados de Sevilla, y aunque nuestros políticos locales se apresuren a negar los enfrentamientos territoriales no sé a qué esperan para mostrar una actitud mucho más combativa. En realidad, se trata de un proceso que empezó hace tiempo, y si uno acude a la web del Consejo del Poder Judicial, puede leer que “las tres Salas de lo Contencioso-Administrativo y las tres de lo Social del TSJA tienen sede –atentos al orden de las ciudades- en Sevilla, Málaga y Granada”. Pues lo mismo va a pasar con las Salas de lo Penal. Si no fuera porque la capital judicial granadina está aislada ferroviariamente, acaso habría que desmontar la Chancillería piedra a piedra para enviarla a Sevilla. Aunque sólo fuera para ver desfilar por allí a José Torres Hurtado, Isabel Nieto y los demás miembros de la junta de gobierno –todos del Partido Popular- que ha regido el Consistorio en los últimos años. Aunque me temo que seguiremos viéndolos por los juzgados de La Caleta. La moción de censura se aleja del Ayuntamiento de Granada, mientras los diputados de Podemos, que caminaban esta semana por los pasillos como “Los hombres de Harrelson”, la preparan en el Congreso. Quizá porque, en España, la Justicia no sea ciega, sino bizca.

IDEAL (La Cerradura), 30/04/2017

domingo, 23 de abril de 2017

El juego de la política

Los juegos tienen la virtud de suspender la realidad, aunque haya quien grite los triunfos de su equipo preferido o quien sufra un infarto y se despida de este mundo mientras su equipo lo hace de la Champions. Para ello ni siquiera hace falta encender el televisor, sino que basta con escuchar los exabruptos y pataleos del vecino. Y es que el fútbol, por ejemplo, suele despertar los instintos más primarios del ser humano, aunque se parezca más al chimpancé en esos momentos. Lo saben las casas de apuestas, que se dedican a explotar esos instintos, empobreciendo los bolsillos de los espectadores además de su intelecto. Así, antes y durante los partidos, estas empresas presentan como información lo que es publicidad descarada de una actividad que roza lo delictivo. Y debería serlo invertir cantidades astronómicas en un deporte que proporciona satisfacciones y glorias tan efímeras. Si España invirtiera lo mismo en investigación, tendría un futuro mucho más interesante, aunque esta semana pareciese suspendido por las competiciones deportivas. Pero no es la concepción de lo público que suele tener nuestra clase política, que no hace más previsiones a largo plazo que las electorales. Parece también una combinación ganadora: 20+13,2+4+1,4+0,75+0,15; pero no lo es. En total, serán casi 40 millones de euros los que podrían asumir los ciudadanos granadinos por la gestión del PP en el Ayuntamiento en los últimos años, según informaba Mª Victoria Cobo en IDEAL esta semana. Desde la Azucarera de San Isidro al Pabellón Mulhacén, pasando por la Rober, los juzgados condenan al pago de indemnizaciones por reclamaciones diversas al Consistorio, cuando deberían condenar a personas con nombres y apellidos y al partido al que representan, colaborador necesario para que José Torres Hurtado en Granada o Ignacio González en Madrid lleguen a las Administraciones públicas. Porque los ciudadanos votan a una organización representada por esas personas, y cuando esas personas son detenidas o procesadas, el partido deriva su responsabilidad, como permanentemente hace el Gobierno de España. ¿Alguien recuerda que Ignacio González fue propuesto como presidente de Caja Madrid por Esperanza Aguirre y que fue Mariano Rajoy quien impuso a ¡Rodrigo Rato!? ¿Quién eligió como candidato a la alcaldía de Granada a Torres Hurtado? El juego de la política se nutre de ambiciones personales y de ambiciones de partido, pero las pérdidas las pagan los ciudadanos. ¿Son estas las reglas de la democracia? Con estos personajes y quienes los apoyan partidos y ciudadanos perdemos por goleada. Y ya hay quien pretende romper la baraja.

IDEAL (La Cerradura), 23/04/2017

domingo, 16 de abril de 2017

Turismo

Como viene siendo ya una costumbre, las noticias más comentadas durante esta Semana Santa han sido las cifras de ocupación de nuestros hoteles, donde se han alojado al parecer más turistas que nunca, habiendo sido por primera vez mayoría los visitantes extranjeros en ciudades como Granada. En un país cada vez más subdesarrollado culturalmente como el nuestro, se comentan estos datos con euforia, la misma que comparte el Gobierno cuando anuncia las cifras del paro, que baja gracias a las contrataciones de temporada en la hostelería, la gran industria nacional y local. Si tenemos una de las mejores universidades de España no importa, la realidad es que gran parte de los egresados tendrán que irse a trabajar al extranjero, y que los que se quedan acaso deban plantearse hacer mejor una buena formación profesional. El de la hostelería parece un mundo mágico, y si es verdad que puedes trabajar horas extra como camarero, también puedes convertirte en un cocinero estrella o en un director de hotel o en relaciones públicas. Si uno atiende a los medios de comunicación, España es un paraíso gastronómico, y en Granada está el bar donde se come el mejor pescaíto frito del mundo, que lo ha dicho nada menos que una presentadora de “MasterChef”. Y no es una casualidad que éste sea uno de los programas más vistos de la televisión, como “First Dates” o “Mi casa es la tuya”, donde siempre hay una cocina por medio, pública o privada, para engullir la realidad. Incluso los niños tienen su “MasterChef Junior”, por si no estaba claro lo que deberían hacer en el futuro. ¿Se puede ser más creativo que Ferran Adriá? Mientras tanto, en ciudades antes turísticas como Barcelona, la alcaldesa Ada Colau y una buena parte de los habitantes les han declarado la guerra a los turistas. Se ha prohibido la apertura de nuevos hoteles en el centro, se han creado nuevos tributos, los vecinos de los barrios históricos se quejan y quieren recuperar la tranquilidad. Ah, la tranquilidad… Yo llevaba una semana sin ver a mi vecino de arriba, aunque lo oía trajinar por la casa. “¿Qué te pasa que no sales?”, le he preguntado esta mañana. “¿Tú estás loco?”, me ha contestado él con cara de ídem. “¿Has visto como está el centro? No pienso salir hasta que termine la Semana Santa”. Y así se la ha pasado el hombre, encerrado en su casa. Pero menos mal que, a partir de mañana, podrá salir tranquilamente a la calle. Aunque sólo sea para hacer turismo.

IDEAL (La Cerradura), 16/04/2017

domingo, 9 de abril de 2017

Bendiciones

En el comienzo de la Semana Santa han sonado las trompetas marciales de Donald Trump, que ha pedido después la bendición de Dios para el mundo entero a través de su cuenta de Twitter. Si la relación del presidente de EE.UU. con la religión es como la que mantiene con el derecho internacional, podría decirse –con Ambrose Bierce- que cree en Dios, pero se ha reservado el derecho de adorar al diablo. Así que, ¿son bendiciones o maldiciones las de Trump? La política internacional resulta aún más asombrosa que la nacional y la local. Es como si la progresión de disparates a que estamos acostumbrados fuese geométrica, en vez de aritmética. Quiebre usted un ayuntamiento –el de Granada, sin ir más lejos- y a unos cuantos miles de kilómetros de distancia se abrirá un agujero en la tierra que se tragará a una ciudad entera. Es el efecto mariposa, un concepto de la teoría del caos, que parece reinar en estas fiestas presuntamente religiosas. Las procesiones son esencialmente melancólicas, pero hay quien las vive con un tono festivo, como hay quien aplaude las decisiones de Trump. ¿Creemos en la ceremonia de la muerte y la resurrección? Si volvemos a las cuentas municipales, es una procesión la que lleva el exalcalde de Granada, José Torres Hurtado, por juzgados y tribunales, mientras el nuevo alcalde, Paco Cuenca, se pasea por ferias y foros sin tomar ninguna decisión de peso, ni siquiera para poner un parche a los destrozos que causó en la economía municipal el antiguo equipo de gobierno, pues ha tenido que prorrogar los presupuestos. ¿Por qué tienen que pagar los ciudadanos el agujero de la LAC con un aumento del precio del billete? ¿Por qué no lo pagan Torres Hurtado y Telesfora Ruiz de su bolsillo? Si la responsabilidad política de alcaldes y concejales fuese también una responsabilidad patrimonial, quizá nos libraríamos de esta procesión de ídolos, confundidos por el misterio de la política. Mientras tanto, puede ser el Ministerio de Hacienda quien termine levantando el cadáver de la economía municipal, con una intervención que llevará aparejada una subida del 40% de los tributos locales, casi una resurrección impositiva. Y viendo la incapacidad de todos los ediles municipales para llegar a acuerdos, acaso fuera mejor que sólo los funcionarios se ocupen de la gestión de los recursos locales. Al menos ahorraríamos en corrupción, salarios y titulares de prensa. Aunque quizá no pongan tanta pasión en su trabajo como estos días inundará las calles, entre aromas a incienso y azahar. Somos unos santos.

IDEAL (La Cerradura), 9/04/2017

domingo, 2 de abril de 2017

Videorrealidad

La obsesión por transmitir nuestra vida en directo ha alcanzado también a los medios de comunicación, que han olvidado su papel crucial para formar a la opinión pública, pues ya sustituyen abiertamente información por sensacionalismo. Así, no ha habido cabecera o informativo que no haya reproducido esta semana la muerte de una joven rusa de 23 años, que emitía en Facebook Live (¿o death?) mientras conducía un coche. “¡Hola! ¿Cómo están todos, adónde viajan?”, dice la chica justo antes de estrellarse contra un autobús. Pues mira, aquí estamos, asistiendo a tu muerte, porque la sociedad carece ya de cualquier tipo de escrúpulo. ¿Por qué será? “Las pantallas se multiplicaban y a la vez se fundían en una única pantalla escindida y continua, muchas pantallas y una pantalla única, de cine, de televisor, de monitor de ordenador, de teléfono móvil en sus diversas manifestaciones”, escribe Justo Navarro en “El videojugador” (Anagrama, 2017), un ensayo que debería ser una lectura obligatoria. Porque al mismo tiempo que las humanidades desaparecen de los planes de estudio, vamos siendo educados por las máquinas, diseñadas para para fundir “en una única temporalidad trabajo y no-trabajo”. Nuestra libertad es hoy una ficción, pues si no transformamos nuestra vida en imágenes al parecer sólo tenemos una existencia ilusoria. Pero ¿cuántas personas habrán muerto en accidentes por inmortalizar ese momento en un selfi o una grabación? El entretenimiento es una paradoja: “La interactividad tal como hoy se entiende cuando se habla de videojuegos consiste en que el jugador obedece órdenes que la máquina renovará en caso de que las anteriores sean obedecidas. Si no son obedecidas las órdenes dadas, la máquina sanciona o despide al jugador”, escribe Justo Navarro. Y el autor analiza la influencia de los videojuegos en nuestra forma de pensar y la evolución de la industria del entretenimiento desde la primera mitad del siglo XX hasta nuestros días, su tremenda proyección en todos los ámbitos, desde la política o la industria armamentística hasta la publicidad –el gran demiurgo- y la cultura. Y subyace una idea inquietante: que quizá no seamos nosotros quienes controlemos la pantalla. “Un ordenador no sólo es un buen funcionario: puede convertir en funcionarios a sus usuarios”, concluye Justo Navarro en “El videojugador”. Y haría usted bien en aferrarse a las páginas de este libro, o al menos a las de este periódico. Porque, en caso contrario, podría ser usted absorbido por la irrealidad. ¡Y por Atari! ¡No corra usted a hacerse un selfi para comprobarlo! Pondría su vida en riesgo.

IDEAL (La Cerradura), 2/04/2017

domingo, 26 de marzo de 2017

Fantasmas

Seguramente, como pensaba Séneca, lo importante no es morir más pronto o más tarde, sino morir bien o mal, algo que depende tanto de la forma de vivir como de morir. Pero la actualidad, como el tiempo, nos iguala en la muerte, cuando no la trivializa, y en las cabeceras digitales alternan las noticias sobre el atentado de Londres con la publicidad de dietas milagrosas, vendidas como elixires de la eterna juventud. Los terroristas de hoy creen que la muerte les abrirá o bien las puertas de la fama o las del paraíso, y los ciudadanos nos hemos acostumbrado tanto a ella que parece un producto más de la industria del entretenimiento. Pero sin duda es una lástima que haya quien encuentre más fácilmente un motivo para morir que otro para vivir, y por eso es tan importante explicar el pasado, para no seguir cometiendo los mismos errores en el presente y en el futuro. En ese sentido, la aprobación hace unos días de la ley de Memoria Histórica y Democrática de Andalucía debería haber sido una buena noticia para todos los ciudadanos y respaldada por todos los partidos políticos. Sin embargo, no ha sido así, y la mayor prueba de la necesidad de esta ley es que no haya habido unanimidad en el parlamento andaluz para aprobarla (PP y Ciudadanos se abstuvieron en la votación) y la fría acogida de la noticia en algunos medios de comunicación, como si todavía fuera un tabú hablar de las víctimas del franquismo, los mismos medios que nos repiten machaconamente una y otra vez las imágenes de los atentados terroristas cuando estos se producen y despliegan tiempo y recursos para explicarnos las actuaciones de la policía y las reacciones políticas. ¿No es posible dedicar también tiempo y recursos para explicar abiertamente lo que ha ocurrido en tu pueblo o en tu país, donde todavía hay fosas con los restos de miles de personas sin identificar? Deberíamos hacerlo si queremos que nuestros jóvenes crean y defiendan los valores democráticos, y no mirar para otro lado y decir las tonterías de siempre sobre “no remover el pasado”, cuando lo que hay que remover es nuestra conciencia. En un país que ha vivido una dictadura y que ha sufrido durante décadas el terrorismo etarra, resulta indignante la banalidad con la que se habla hoy de la muerte y de la memoria de las víctimas. Porque nuestro modo tradicional de solucionar el problema ha sido ignorarlas. Y eso sólo nos convierte en un país de fantasmas.

IDEAL (La Cerradura), 26/03/2017

domingo, 19 de marzo de 2017

Dignidad europea

La política convierte a veces la historia en una caricatura y, apropiándosela, cuenta una historia peor, tergiversada según la propia conveniencia y vaciándola de contenido. Lo hemos comprobado esta semana, en la que media Europa ha respirado aliviada por la derrota de la ultraderecha en las elecciones de Holanda. Hemos empobrecido tanto el discurso que la política se ha convertido en una mascarada de fantoches con un programa maniqueo sobre los buenos y los malos, que son todos aquellos que piensan de una manera diferente y personifican nuestros temores. Curiosamente, estos fantoches se tintan el pelo de rubio: Geert Wilders, Marin Le Pen o Donald Trump aparecen siempre oxigenados, como si fueran muñecos de la raza aria. Y quizá quiera tintárselo también Frauke Prety, de Alternativa para Alemania. No creo que lo haga Pablo Iglesias, pero se ha equivocado al defender el mismo discurso localista y antieuropeo en el parlamento español, pues la única manera de enfrentarse al fanatismo es trabajar por la integración de Europa y defender los valores democráticos. Sin las políticas y las ayudas de la UE, España seguiría siendo un país subdesarrollado, y negar los beneficios del proyecto europeo no es el camino para cambiar la políticas económicas y sociales que efectivamente lo están lastrando ahora. Ni es un camino de éxitos, como ha dicho Rajoy, porque ha empobrecido a miles de europeos, ni todo lo contrario. El problema es que el proyecto de la UE se identifica por buena parte de los ciudadanos con el capital financiero, y no con los derechos humanos. Pero bastaría, para cambiar esa percepción, que las instituciones europeas pusieran el mismo empeño en acabar con la tragedia de los refugiados que llegan a sus fronteras que el que ponen en que los países miembros cumplan los criterios de convergencia. En ese sentido, resulta aleccionador acudir a la exposición “La itinerancia de los refugiados a través de Europa”, organizada por la Alianza Francesa de Granada y la AFP (Agencia France Press), y que podemos ver hasta el día 7 de abril en la Fundación Euroárabe. Son fotografías que han salido en prensa, pero que quizá entonces nos pasaron desapercibidas. Porque, observándolas, uno comprende que es toda la humanidad la que es apaleada en las fronteras o encerrada en campos de concentración. Cualquiera de nosotros podría ser el hombre que se quema a lo bonzo, esa mujer que besa a otra a través de una verja o aquel niño que, a pesar, de todo, sonríe con optimismo. Si protegemos la dignidad de las personas, protegeremos Europa.

IDEAL (La Cerradura), 19/03/2017

domingo, 12 de marzo de 2017

Pactos de silencio

Mientras el Gobierno ha decidido acabar con la corrupción con el brillante método de dejar de hablar del tema –costumbre bien aprendida en la Transición-, algunos ciudadanos, en España y fuera de ella, toman conciencia de su responsabilidad, pues, como dijo Unamuno, hay veces que el silencio equivale a aquiescencia. Varias noticias nos lo han recordado esta semana, en la que WikiLeaks, con Julian Assange a la cabeza, ha confirmado lo que ya sabíamos: que nos vigilan constantemente. Y gracias a esos artilugios a los que les dedicamos tanto tiempo y recursos: móviles, ordenadores, tabletas y televisores que la CIA y otros servicios de inteligencia controlan a distancia para espiarnos. Aunque tampoco es que haga mucha falta, ya que la mayoría de la gente cuenta todo lo que hace en Facebook, donde uno puede ponerse al día de las costumbres y de la vida profesional y sentimental de esas personas que ya no saben dónde están si no se hacen un selfi antes para publicarlo después en una red social. Assange sigue recluido en la embajada de Ecuador en Londres, pero probablemente sólo haya cumplido con su responsabilidad al poner en manos de la opinión pública la información de la que dispone. ¿Cuántas personas suelen denunciar los delitos de los que tienen conocimiento? ¿Por qué a la CIA no le preocupan los delitos cometidos, sino únicamente que se filtre la información? Lo increíble es que los gobiernos hayan convertido la delincuencia en una práctica institucionalizada, y que luego dediquen los impuestos de los ciudadanos a maquillarla con comisiones de investigación. En España, ésa parece ser la esencia de los pactos de gobierno, como hemos podido apreciar en el Congreso. Porque si el pacto consiste en romper el acuerdo cuando haya imputados o investigados en una causa judicial por corrupción política, hay que cumplirlo, caiga quien caiga, ya sea en el Gobierno central, en la Comunidad Autónoma de Murcia o en el Ayuntamiento de Granada. Y no es una cuestión de mera interpretación, ni de si se trata de un problema penal o administrativo, algo que tendrá que resolver el juzgado competente. Se trata de respetar tu palabra, y de recordar a los responsables públicos que, si ejercen esa responsabilidad, es por una cuestión de confianza, que es un contrato con los votantes. Y mientras se siga incumpliendo ese contrato, seguiremos hablando de corrupción. Son los silencios los que están matando la democracia, y la palabra de nuestros políticos es tan ligera que los partidos no hacen más que levitar.

IDEAL (La Cerradura), 12/03/2017

domingo, 5 de marzo de 2017

Extremistas

La vieja Europa está perdiendo la sonrisa. Sus ciudadanos, abrumados por las circunstancias, ceden al pánico y están dispuestos a votar a los extremistas, que prometen seguridad y blindar las fronteras. Quizá lo piensen los vecinos del barrio La Chana, donde vivían Choukri E.H. y Sara V.Z., condenados por la Audiencia Nacional a seis años de prisión por compartir las tesis del Daesh y tratar de unirse al Estado Islámico en Siria, según informaba Yenalia Huertas en IDEAL esta semana. El presidente de la comunidad donde vivía la pareja mostraba su estupor al pensar en sus vecinos: “No da miedo, da pánico”. Pero uno nunca sabe lo que piensa realmente quien tienes a tu lado, y cualquier persona es capaz de lo peor si la ponen en las circunstancias adecuadas. Y quizá eso es lo que deba preocuparnos. Porque los extremismos nacen de las crisis sociales, y es mucho más fácil que te conviertas en un fanático si tienes problemas en casa. Nos admiran los mensajes que Choukri enviaba a sus hermanos: “Las cabezas se cortan fácilmente, como si fueran un pollito”; pero uno pasa la página y se encuentra con la noticia de que un hombre ha degollado a su expareja, o que el 90% de los chicos justifica la violencia sexual y que el 40% de las chicas ha sufrido agresiones sexuales. Sin embargo, en una sociedad que desprecia la educación y la cultura (sólo hay ver las partidas que las Administraciones les dedican en los presupuestos para comprobarlo) nada de esto debería sorprendernos, independientemente de la nacionalidad de los ciudadanos. ¿Estamos construyendo una sociedad más justa? El poco respeto por la dignidad humana en un país con una tasa de paro de casi el 23% (el 30% en Andalucía) y donde el Gobierno presume de gestión económica es manifiesto, y los muros que ya hay en nuestras fronteras apenas contienen un sueño que se desmorona. Los yihadistas asesinan en el nombre de Dios y se consideran a sí mismos mártires, pero también las sociedades europeas sacrifican a parte de sus miembros en nombre de la salud de la economía, ese eufemismo que parece ser la única razón válida hoy para justificar la democracia. Nos preocupa el voto extremista en Estados Unidos, Gran Bretaña, previsiblemente en Francia, y alertamos de los peligros que esto entraña. Pero ¿cómo van a votar los ciudadanos por la integración si sienten que su sociedad se desintegra? Lo que hacen es proteger lo que les queda al grito de: “¡Extremista el último!”

IDEAL (La Cerradura), 5/03/2017

domingo, 26 de febrero de 2017

Casino Royale

Escribía Ambrose Bierce que el juego es un pasatiempo en que el placer se debe fundamentalmente a la contemplación de las pérdidas ajenas, y es también la concepción que tienen algunos del interés público, pues confunden la cultura con el turismo, la economía con la especulación. ¿No tiene Granada más alicientes que la creación de un casino para incrementar las pernoctaciones de turistas en la ciudad? Pues así lo creen los empresarios hosteleros y la Junta de Andalucía, que pretende autorizar la construcción de uno en el centro de la ciudad –convertida ya en una feria permanente de la tapa- o en el área metropolitana, para ponerlo al lado tal vez del ese bodrio asfixiante y alienante que es el Nevada Shopping. Y así fomentamos lo que hoy se entiende por ocio: pasar el tiempo libre malgastando el dinero que tanto nos ha costado ganar en las horas de trabajo, que es la mayor alegría que está dispuesta a concedernos esta sociedad. ¿Se puede tener menos imaginación? ¿De las despedidas de soltero y el botellódromo vamos a pasar a la ruleta rusa? Es verdad que Granada tiene en común con Las Vegas la afición de algunos mafiosos a lucrarse con el mercado inmobiliario, y quizá a la consejera de Hacienda y Administración de la Junta, María Jesús Montero, le parezca bien un casino desde la perspectiva recaudatoria (desde luego, es mejor gravar el juego que las sucesiones y donaciones), pero esta iniciativa no deja de ser preocupante por lo que revela: la idea que tienen nuestros empresarios y políticos del desarrollo económico de una ciudad cuyos dos pilares son el patrimonio histórico y la universidad. Y eso en un momento en que se trata de dar contenido al proyecto “Granada 2031” para la capitalidad de la cultura europea, que puede identificarse con los juegos de azar y el botellón institucionalizado. Pero es que lo de los casinos tiene mucha tradición en Andalucía, aunque eran los años en que los frecuentaban amos y caciques, algo que creíamos que había pasado a la historia. O tal vez no. Pues también hay quien confunde la cultura con el caciquismo, y las carreras artísticas con las carreras políticas. ¿A quién puede molestarle que nombren a Pablo Heras Casado como nuevo director del Festival Internacional de Música y Danza? Granada suele exportar talento, y deberíamos preguntarnos por qué esos talentos, para desarrollarse, tienen que salir de aquí. Tal vez sea porque confundimos la cultura con el mamoneo y los museos con los casinos.

IDEAL (La Cerradura), 26/02/2017

domingo, 19 de febrero de 2017

La estirpe de Babel

Nunca le damos demasiada importancia a las palabras, aunque seamos como pensamos y como hablamos, lo que es mucho decir en un país donde nuestros políticos suelen mentir, y en una ciudad, Granada, donde “las palabras tienen un rédito que la vida niega constantemente”. Es una frase de la primera novela de Ángel Esteban, “La estirpe de Babel” (editorial Verbum), donde el amor por la palabra y la literatura es el argumento principal. De la mano de Palim VI, un inmortal inteligente y curioso, conoceremos a los grandes genios de la literatura, desde Homero a Borges, que Ángel Esteban convierte en personas de carne y hueso, en esos confidentes que nos susurran cosas esenciales al oído mientras los leemos. “La estirpe de Babel” dialoga con otros libros y otros autores, pero tiene además una lectura muy actual, pues el escritor bucea asimismo en el pasado y le hace participar al lector en los momentos más trascendentales de la historia de la humanidad. La novela está llena de citas jugosas, tanto del autor como de los escritores que recrea con devoción: “La diferencia entre un político, el que rige los destinos de la polis, y un poeta, estriba en que el poeta cuenta mentiras para descubrir verdades, y el otro las cuenta para asegurarse el poder”, nos dice Homero; y Virgilio añade: “En los últimos tiempos, la sociedad ha desarrollado tragaderas para cualquier desviación ética”. Es como si hablasen de la realidad española, y también la conversación que mantienen Goethe y Napoleón sobre el poder y la política es absolutamente contemporánea. En este sentido, el profesor universitario y el ensayista que es asimismo Ángel Esteban, favorecen al narrador, que se vuelve más profundo y convierte “La estirpe de Babel” en una lección de vida. Porque resulta un acierto situar a los genios de la literatura en los momentos más importantes de su existencia, y es excelente el análisis que hace Ángel Esteban de sus obras y de las dificultades que entraña la creación literaria. Pero además muestra un gran talento para interpretar la historia y contarla de un modo ameno y sencillo al lector, al que le gustará encontrarse a Borges en el barrio granadino del Sacromonte para realizar, al mismo tiempo, una vuelta al mundo y vivir las vidas de otros. Y así, después de leer este libro y estar con los personajes más decisivos de la historia de la literatura, podremos concluir, como Palim VI: “Nadie es mejor que nadie. Hoy soy inmensamente más rico”.

IDEAL (La Cerradura), 19/02/2017

domingo, 12 de febrero de 2017

Extranjeros

El premio gordo de la vida sólo les toca a quienes juegan por casualidad, escribía Pessoa, pero hay gente que, simplemente por su lugar de nacimiento, cuenta con menos papeletas. En mi infancia, me fascinaba oír hablar de “los extranjeros”, esos seres misteriosos que guardaban algún tipo de amenaza que nadie acertaba a explicar. Tenía algo que ver con la visión maniquea del mundo de la que no nos hemos librado totalmente en España, aunque la sociedad sea multicultural y mestiza. En Granada se nota en los pequeños comercios y en los bares, y recuerdo uno en concreto en el barrio de los Doctores, al que llevaba muchos años sin ir. Las tapas eran las mismas, sonaba la misma música de los años ochenta, pero habían mejorado el servicio y la carta, y había dos estudiantes trabajando de camareras. Lo curioso es que el bar está regentado ahora por dos hombres de nacionalidad marroquí que conocen a todos los clientes por sus nombres, como ocurre en cualquier bar de barrio que se precie. Y eso fue lo que me llamó la atención: el trato exquisito con la parroquia, tan alejado de la socorrida malafollá granadina de la que suelen hacer gala muchos camareros en esta ciudad, y la gratitud que las camareras mostraron hacia sus jefes cuando se despidieron después de acabar su turno. Para ser “extranjeros”, los nuevos dueños estaban mejor integrados que mucha gente. Pienso en ellos en una semana en la que tanto se ha hablado de la política migratoria de Trump, en tantas personas de otras nacionalidades que llevan años trabajando en nuestras ciudades y en tantos compañeros de mi generación que actualmente trabajan en otros países porque en España no era posible. Un país que, como Trump, construye muros para que nadie pueda entrar, pero que pone todas las facilidades para que los jóvenes se tengan que ir. Y son ya más de dos millones de españoles los que son extranjeros en otros países, y que saben que la virtud esencial del emigrante es la solidaridad, porque tienen que ayudarse unos a otros para sobrevivir, ya que trabajan en muchos casos en condiciones precarias. Esta semana se ha reunido también en Madrid el Consejo general de la ciudadanía española en el exterior, que reclama una reforma de la ley electoral para que los expatriados elijan a sus propios diputados y senadores. Su presidente, Eduardo Dizy, ha recordado que lo que más valoran los emigrantes son sus raíces. Aunque tu propio país te trate como a un extranjero.

IDEAL (La Cerradura), 12/02/2017

domingo, 5 de febrero de 2017

Sillones

El partido más nuevo de la política española ha escenificado esta semana el problema más viejo: entender la democracia como un juego de sillones. Si no era suficientemente lamentable ver cómo el exdirector de la Guardia Civil, Arsenio Fernández de Mesa, se convierte ahora en vocal del Consejo de Administración de Red Eléctrica de España, también hemos visto a Pablo Iglesias e Íñigo Errejón discutiendo “como españoles” en el Congreso. “¡Al diablo con tus principios y obedece a tu partido!” me imagino que exclamó el primero. Y es que debe de ser otra costumbre española –que no holandesa- que los altos cargos de la Administración pública ocupen luego sillones en la dirección de grandes compañías e instituciones financieras y viceversa; o que ni siquiera ocupen esos sillones altos cargos de ninguna clase, sino políticos cuyo mayor mérito es saber arrimarse al sol que más calienta. Los ciudadanos que habían puesto sus esperanzas en “la nueva política” no salen de su asombro. Pero es que, como escribe Andrés Neuman en “Caso de duda” (Cuadernos del Vigía, 2016), “las convicciones firmes son la base del autoengaño”, y así es como las ideologías suelen diluirse en los egos personales. ¿Se trataba en realidad de una política muy vieja? Todo depende del precio que tengan los sillones o del miedo que tengan a perderlo quienes en ellos se sientan. Y, como no hay mal que por bien no venga, el miedo escénico de Susana Díaz a las protestas y al kamikaze Pedro Sánchez ha provocado que los granadinos asistan a la derogación de la orden sobre la fusión hospitalaria y a las dimisiones del viceconsejero de Salud, Martín Blanco, y del gerente del SAS, José Manuel Aranda. Es decir, que en Granada nos hemos librado de los recortes en la sanidad por una veleidad política, que ha sido la que le ha dado el empujón definitivo a la marea ciudadana. Porque para estar en un partido es necesario cambiar frecuentemente de opiniones, mientras que los ciudadanos deben seguir esforzándose en mantener las suyas. Y ahora deberíamos empeñarnos en que a Granada llegue por fin el AVE, que según asegura el ministro de Fomento, Íñigo de la Serna –lo han dicho ya tres o cuatro ministros de distintos partidos y con la misma convicción: “Esta obra es una prioridad”-, será en 2018. ¿Se tratará asimismo de una convicción política? Porque entonces tendremos que esperarlo sentados, y no será precisamente en un tren. La mentira viaja siempre mucho más rápidamente que la verdad. ¡A levantarse!

IDEAL (La Cerradura), 5/02/2017

domingo, 29 de enero de 2017

Truchas

La realidad tiene grietas por las que asomarte a mundos diferentes que, sin embargo, recorres todos los días. Lo saben bien Juan Enrique Gómez y Mercedes S. Calle, que semanalmente descubren para los lectores de IDEAL la biodiversidad que habitamos. Así puede uno olvidarse de todas las maldiciones y catástrofes asociadas al villano Donald Trump –tiene que haber uno nuevo cada año- con sólo asomarse al río Darro, donde quizá, en los torrentes cercanos a Plaza Nueva, una trucha emerja del agua en ese instante para atrapar la larva de un insecto. Y si como escriben los periodistas, “estos salmónidos han encontrado las condiciones idóneas para mantenerse bajo los muros de la calle más bonita del mundo”, ¿no podrían hacerlo los granadinos? Pues se ve que no, si atendemos a las declaraciones en un programa de televisión del exalcalde José Torres Hurtado, que ha asegurado que personas como Sebastián Pérez le “han fusilado políticamente en las tapias del cementerio”. ¿Cómo puede decir semejante boutade alguien investigado por corrupción en una ciudad donde realmente se han asesinado a alcaldes por sus ideas políticas? Y es que el ayuntamiento también ha acogido a algunas especies en extinción, aunque su comportamiento invasivo lo sufrieran todos los ciudadanos. Porque la idea de Torres Hurtado de la justicia nos ha quedado clara al afirmar que hace falta la orden de un político para que actúe la policía y no, como es el caso, una acumulación de indicios que han llevado a la magistrada instructora del caso Nazarí a ordenar su detención y la de otras dieciséis personas. No, eso ocurría en la época franquista, en la que, efectivamente, a los alcaldes democráticos los fusilaban en las tapias del cementerio. Pero es así como reescribimos la historia de España. Devaluándola hasta convertirla en chascarrillos con los que alimentar seudotertulias televisivas. Y resulta vergonzoso que las personas implicadas en casos de corrupción suelan escudarse en persecuciones políticas desacreditando así al poder judicial, la existencia del derecho penal y de paso la misma democracia, simplemente porque estaban acostumbradas a hacer lo que les daba la gana. Hasta que un día, claro, te detienen en tu propia casa, sobre cuya construcción también hay dudas legales. Pero es una manía persecutoria, como que otra acepción de la palabra trucha sea: “individuo que obra con astucia para obtener lo que desea sin tener en cuenta el perjuicio que puede causar a los demás”. De ahí que los turistas que pasean por la carrera del Darro exclamen a veces: “¡Menudas truchas hay en Granada!”.

IDEAL (La Cerradura), 29/01/207

lunes, 23 de enero de 2017

Disciplina municipal

Si en Granada los ciudadanos afrontasen todos los problemas como el de la fusión hospitalaria, hace tiempo que la ciudad sería una capital europea, moderna y bien comunicada. Pero son muy pocas cosas las que nos preocupan de un modo esencial, y en la mayoría de las ocasiones nos dejamos llevar por la inercia o la apatía, nos preocupamos por el qué dirán o por la disciplina de partido. Lo ha demostrado Paco Cuenca, que ha perdido una oportunidad magnífica para encabezar las manifestaciones y erigirse como el alcalde de Granada y no como un mero representante del PSOE andaluz, que es lo que parece ahora. Pero es un mal endémico de los políticos españoles el creer que no se deben a los ciudadanos, sino a su partido. De ahí que nuestras Administraciones públicas y las instituciones en general sean ineficaces, y que para tomar cualquier decisión se sientan agarrotadas, si no artríticas, por muy joven que sea aún nuestra democracia. Porque sobre los responsables públicos pesan demasiadas consignas y pleitesías, y apenas saben desenvolverse solos, ya que antes deben despojarse de esa camisa de fuerza mal llamada disciplina de partido. La disciplina es otra cosa. Es poder elegir libremente entre las opciones posibles y poner todo tu empeño en la que crees más justa. Es tener el coraje de llevarla a cabo independientemente de lo que piensen –o te manden- los demás. Sin embargo, lo habitual es que nuestros políticos no actúen según sus convicciones personales, sino siguiendo las directrices del partido, y de ahí la desconexión existente entre estas organizaciones y los políticos en general con los ciudadanos. Actualmente, en España, las noticias políticas destacadas no son sobre las propuestas de los partidos para afrontar los problemas económicos y sociales, sino sobre las guerras de poder internas o los métodos para elegir a los candidatos, desde el PP a Podemos, pasando por el PSOE, IU y Ciudadanos. Y cómo nos aburren los conflictos entre Susana Díaz y Pedro Sánchez o Patxi López, entre Pablo Iglesias e Íñigo Errejón o entre Sebastián Pérez y Juan García Montero, por darle color local a esta telenovela. A los ciudadanos lo que nos importa es que nuestros políticos trabajen para solucionar los problemas de la sociedad. Y si para eso hace falta encabezar manifestaciones, pues allí deben estar. Granada ha sido una ciudad tan apática y disciplinada que parecía una estatua. Hasta ahora. Pues el movimiento popular y la fuerza de sus reivindicaciones han contagiado hasta a Sevilla y Málaga. Eso es hacer política.

IDEAL (La Cerradura, 22/01/2017)

domingo, 15 de enero de 2017

Twitterías

En las redes sociales, cualquier novedad se convierte pronto en un tópico. A fuerza de repetirlos, lo términos se vacían de contenido, y los “hastag” son como cachivaches que vagan por la red, si es que alguna vez tuvieron utilidad y sentido. En este principio de año ha ocurrido con el término “posverdad”, neologismo que el Diccionario de Oxford había señalado como palabra del 2016, y que tiene un significado tan ambiguo como: “Denota circunstancias en que los hechos objetivos influyen menos en la formación de la opinión pública que los llamamientos a la emoción y a la creencia personal”; y que algunos pronunciaban –o tecleaban más bien- con una solemnidad que hacía saltar las lágrimas. Como si no hubieran existido siempre la verdad y la mentira. Como si no hubieran sido grandes mentiras las que han cambiado la historia, en España, sin ir más lejos, un país parcialmente amnésico, donde desde la Transición se nos miente diariamente. Con el rescate bancario, por ejemplo, que aunque según el presidente y la vicepresidenta del Gobierno y el ministro de Economía nunca se ha producido, el Tribunal de Cuentas ha cifrado en más de 60.000 millones de euros, de los cuales 40.000 los han aportado los ciudadanos españoles vía impuestos, concretamente 899,4 por cabeza. Es el timo de la crisis económica. Made in Spain. O el concepto populismo, que significa una cosa u otra según quien lo utilice, desde Mariano Rajoy a Pablo Iglesias, que a día de hoy resultan igual de populistas. Y es que el ámbito de la política y el de las redes sociales se asemejan mucho, de ahí que Podemos las haya utilizado hasta la extenuación para hacer política, y de ahí también que su discurso se haya vaciado por completo. Porque aquí la peña no para de hablar, pero ¿dice algo sensato? Mariano Rajoy, que tiene esta palabra siempre en la boca, la identifica con recortes, subida de impuestos y sacrificios, que curiosamente siempre tienen que hacer los mismos. Sí lo parece Sebastián Pérez cuando afirma que Granada es una ciudad sucia, aunque el PP tuviera igual de descuidados los barrios. Sólo hay que pasear por el de los Pajaritos, lleno de excrementos, no sabe uno si de los perros o de sus dueños. Tal vez porque está al lado de los juzgados de la Caleta, donde se airea la corrupción municipal. La gente no tiene tiempo para nada, pero sí para twittear que no tiene tiempo. Menudos pájaros. Del pico cerrado no salen twitterías.
IDEAL (La Cerradura), 15/01/2017

domingo, 8 de enero de 2017

Drones

Si ustedes tienen ordenador, habrán sufrido la tiranía de la inteligencia artificial, esas actualizaciones que reinician el sistema operativo cuando les da la gana y encima te echan una charla del tipo: “No apagues el equipo mientras se realiza la actualización. Estamos realizando mejoras para protegerte de las amenazas de un mundo en línea”. Como si fuera la voz de tu propia conciencia, aunque sepas que se trata de una máquina. Pero le haces caso, obediente, y no te atreves a mover un músculo mientras esperas a que se renueve el software y rezas para que no te borre tus datos personales. Porque en cierto modo esa máquina es realmente nuestra conciencia, pues con ella escribimos, chateamos, intercambiamos información, nos asomamos al mundo. Se ha convertido en nuestros ojos, y sin esa pantalla ya no sabríamos vivir. Es una esclavitud a la que nos hemos entregado gustosos, casi fanáticamente, y por eso vamos cargados con pantallas portátiles que consultamos continuamente en el trabajo, en clase, en casa, en el restaurante, cuando andamos por la calle, y hay quien no se separa de ella ni en el cuarto de baño, pues tiene más intimidad con ese cacharrito que con su propio cuerpo. Quizá porque el móvil, la tableta o el ordenador son ya también nuestro exoesqueleto. Por eso la inauguración de cualquier nueva tienda de informática se convierte en un acontecimiento. Acudimos ansiosos, esperando ver el nuevo chip que instalaremos en nuestro cerebro, la nueva pieza que acoplaremos a nuestro traje de Robocop. Es lo que llamamos progreso. Así, mientras la compañía estadounidense Amazon ha empezado a entregar sus paquetes por medio de drones, en ese país han elegido como presidente a lo más parecido a un dron, aunque parece que tiene el software infectado con un virus ruso, concretamente de Vladimir Putin, que anda estos días un poco griposo. Una pareja de Transformers llamada a gobernar el mundo sin respetar las fronteras nacionales o la legalidad internacional, colocando a los consejeros delegados de las compañías petroleras en los principales puestos de gobierno, esos que decidirán sobre las políticas energéticas o el cambio climático, es decir, sobre las futuras guerras. La comunidad científica discute estos días sobre la conveniencia de desarrollar o no la inteligencia artificial, de que existan “mentes artificiales”. Pero el planeta está ya gobernado por millones de máquinas a punto de adquirir una conciencia común. Ni que esto fuera el guion de la película Terminator, antes del Día del Juicio Final. Todavía está usted a tiempo de apagar el móvil.

IDEAL (La Cerradura), 8/01/2017

viernes, 6 de enero de 2017

Todos estaban vivos

Javier Bozalongo ya había mostrado sus dotes para la narración en libros de poemas como “La casa a oscuras” (Visor, 2009), donde encontrábamos verdaderas historias mínimas contadas en verso y que transcurrían en espacios que guardan todo un mundo reconocible en los viajes y en las habitaciones de una casa. Algo que también ocurre en “Todos estaban vivos” (Esdrújula Ediciones, 2016), su primer libro de relatos, donde, siguiendo con la confluencia de géneros –la corta distancia que puede haber entre un poema y un microrrelato, o entre un aforismo y un verso- también hay un poema-historia, titulado “¡Sí quiero!”, que comparte con el resto de las veintiséis piezas que lo componen el gusto por la la sorpresa y el redescubrimiento de lo cotidiano.
Se trata de “la chispa de lo maravilloso”, como destaca acertadamente Santiago Espinosa en el prólogo de “Todos estaban vivos”, un título que ya de por sí le da la vuelta a nuestra idea de la muerte y de la existencia, saturada de maneras de morir, al menos en lo que a la narrativa contemporánea se refiere. Así, los relatos de este libro son revelaciones que ponen patas arriba la realidad, mostrándonos el lado más ácido y sarcástico de la vida y que quizá sea el que nos hace más humanos, con vicios y defectos que nos sirven, fundamentalmente, para reírnos de nosotros mismos.
Porque “Todos estaban vivos” es pura risa, aunque, a veces, en determinadas situaciones, se nos quede congelada en la cara. Todo depende de cómo afrontemos la muerte del padre, la próxima boda o los trámites del divorcio, las dificultades en el trabajo o para llegar a fin de mes, lo que puede convertirnos en suicidas o en asesinos, en hombres menguantes que descubrirán, a la postre, que ya no hay nadie de quien defenderse, o incluso en sufridos poetas que, a pesar de todo, siguen estando vivos.
La escritura y la lectura constituyen una terapia, o una risoterapia, quizá, si las cosas más ordinarias son extraordinarias. Y como el propio Javier Bozalongo escribía en “Poética”: “El primer verso puede ser brillante./ El final, sorprendente./ Entre uno y otro debes estar tú”. Lo mismo podríamos decir de los relatos de este libro.

IDEAL (Cultura), 6/01/2017