domingo, 5 de octubre de 2014

A la española



Las diferencias en la manera de entender la responsabilidad pública en España y en Europa se manifiestan en el nombramiento como comisario europeo del exministro español Arias Cañete, pospuesto hasta una nueva votación en las Comisiones de Medio Ambiente e Industria la semana que viene. Las razones son los últimos cambios que ha realizado el candidato en su declaración de bienes, que deben estudiar de nuevo los servicios jurídicos de la Comisión. “Coño, Cañete”, le habrán dicho, “¿se había usted olvidado de que cobraba sobresueldos de su partido y de su condición de accionista de algunas empresas petroleras?” Pero claro, es lo que solemos hacer en España, donde compartir intereses políticos y privados es legal (¿y ético?), por lo que creemos que podemos hacerlo también en Europa, donde no tenemos que disimular nuestra capacidad intelectual. Y, por lo visto, tampoco la disimulaban en Bankia, donde los consejeros que representaban a la mayoría de los partidos políticos, a los sindicatos y a la patronal se gastaban lo que no tenían. Qué gran retrato de España. Pero como se trataba de una Caja de Ahorros y de un gran chollo para malgastar el dinero de los españoles… Como era la práctica habitual… Como era una tarjeta para mis gastos por ser un puesto de especial responsabilidad… Como lo hacía todo el mundo… Pues ese es precisamente el problema, y que podamos imaginarnos ahora las cadenas de favores tenidas en cuenta para decidir quién sería el consejero regalado de cada organización política, empresarial o sindical. Y ésa es también la razón por la que nuestros representantes inspiran tan poca confianza fuera de este cortijo nacional, autonómico o local, según los casos. Y no que, como ha dicho el ministro de Asuntos Exteriores García-Margallo, “parece que el que se dedica a la política no puede trabajar en otra cosa y tiene que ser pobre de solemnidad”. No, perdone, la cuestión es a lo que parece que se dedican nuestros políticos, que no son precisamente pobres de solemnidad. Y dadas las circunstancias, quizá no sea lo mejor que la oposición haga piña para que salga el candidato español. O sí, para que don Miguel pueda ejercer su gran capacidad intelectual con la doña europea, Ángela Merkel, y que deje de apretarle los huevos a él y a toda España. Menudo esperpento. Menos mal que, cuando iba por la Avenida de la Constitución pensando en estas cosas, me han ofrecido un abrazo gratis (www.abrazosgratis.org). Qué faltica nos hacía a mí y a la Constitución española.
IDEAL (La Cerradura), 5/10/1014

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