domingo, 29 de diciembre de 2013

Asquerosa


Si con el nuevo año recuperamos la cordura, quizá seamos capaces de solucionar el problema regional español con la misma alegría con que Asquerosa pasó a llamarse Valderrubio, se convirtió en Entidad Local Autónoma y ahora en el flamante municipio ciento sesenta y nueve de la provincia de Granada y setecientos setenta y dos de Andalucía. La alcaldesa del nuevo ayuntamiento, Francisca Blanco, ha dicho que el pleno lo conformarán once grupos políticos, lo que no es óbice para que en Valderrubio lleven tan a gala el nombre de García Lorca como trabajar durante décadas para lograr su autonomía administrativa. Porque ésa es la cuestión, el contenido de un concepto que algunos confunden con impunidad política. ¿No basta con una administración cercana al ciudadano donde sus representantes han sido elegidos democráticamente? ¿No existe ya, de hecho, en España, una parcelación de los poderes legislativo, ejecutivo y judicial? La autonomía política no requiere de conceptos como país, estado, nacionalidad o nación para ejercerse efectivamente, y lo cierto es que, al margen de un debate meramente teórico, el Estado autonómico se diferencia poco en su funcionamiento del Estado federal. Tal vez lo que debería preocuparnos es que la existencia de tantas administraciones territoriales sólo haya contribuido a que el índice de percepción de la corrupción en nuestro país sea comparable al de Siria, y no a que los ciudadanos, independientemente del municipio o la región donde habiten, tengan mejor nivel de vida. Los datos provienen de Alemania, como es costumbre, pero, para variar, no proceden del Bundesbank, sino de la ONG Transparencia Internacional. En Siria hay una guerra civil, y en España la hay en cierto modo, aunque sea mucho más sutil que la que sufrieron nuestros abuelos y bisabuelos. Porque como entonces hay víctimas, exiliados y mucha miseria, aunque las armas que se utilizan se parezcan más a una calculadora, una carta de despido u otra triste estadística. Y, en ese sentido, quizá nos anime saber que España, a nivel de corrupción, se sitúa por detrás de Brunei y Polonia, y justo delante de Cabo Verde. Si yo fuera Marino Rajoy, cogería los cuernos del toro y le propondría a Artur Mas constituir la nueva República de Estados Españoles (Alemanes y Europeos, otrora Reino de España). Pero que dejen de tocarnos el bolsillo y las narices a los ciudadanos madrileños, catalanes, vascos, gallegos o andaluces. Porque España se ve hoy día un poquito asquerosa. Con todos mis respetos a Valderrubio y a sus hijos adoptivos, como Federico García Lorca.
IDEAL (La Cerradura), 29/12/2013

Olón


En Ecuador, el paraíso puede encontrarse a la puerta de casa. Mucha gente lo busca en estas fechas en la Ruta del Sol, desde Santa Elena a Puerto Cayo. Los que prefieren una fiesta continuada recalan en Salinas y en Montañita, pero, un poco más al norte, la naturaleza se desborda en Olón, que todavía resiste la amenaza de las urbanizaciones y que podría convertirse en un ejemplo del desarrollo sostenible y el Buen Vivir. Porque, por fortuna, Olón conserva tres kilómetros de playa prácticamente virgen, donde desovan las tortugas y las olas arrastran millones de minúsculos crustáceos que se entierran en la arena, bajo tus pies. Mientras caminas desde el Santuario de Blanca Estrella de la Mar hacia La Entrada, el cielo se refleja en el agua que se va adentrando en la tierra, como si quisiera abrazarla. Pero una nube de gaviotas y pelícanos desmiente de pronto esa impresión, conforme se arrojan sobre las redes que los pescadores extienden en la orilla. Reparten el resultado de la jornada: cientos de dorados, trompetas y róbalos que poco después podrás comer en cualquier restaurante. Y qué expresión de orgullo la del joven que vuelve a casa portando una cesta de pescado vivo. Es la satisfacción que uno siente también horas más tarde cuando, desde el jardín del mar, contempla la puesta de sol más bella del Pacífico.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 28/12/2013

domingo, 22 de diciembre de 2013

Balances


En los programas de televisión que estos días resumen los acontecimientos más importantes del año, hay lugar para la crónica social, la ciencia, el arte, la música, el cine y el humor, pero no abunda la crónica política, que es como una parodia crónica o un musical humorístico, algo muy alejado lamentablemente de la ciencia o el arte, pero que a veces se parece a una película catastrófica. En la misma podrían sucederse los sketches protagonizados por el dúo de ministros Wert y Montoro y sus frases ingeniosas, o los correos electrónicos de Esperanza Aguirre, Ignacio González y el hijo de Aznar al expresidente de Caja Madrid, o las declaraciones sucesivas de Artur Mas sobre la Generalitat y el Estatut hasta llegar a la independencia. Quizá nos salga más bien un programa delirante para fin de año. Pero si preferimos la televisión autonómica podremos escuchar una y otra vez declaraciones contradictorias a propósito de los ERE, y, como si asistiéramos a un truco de magia o a una operación de sexo política, cómo el presidente de la Junta se ha convertido en presidenta y todos aquellos que deberían haber asumido su responsabilidad han sido sustituidos. Y si todavía tuviésemos un rato para la programación local, asistiríamos a la repetición de las declaraciones del alcalde de Granada sobre la oposición en el ayuntamiento o los nuevos proyectos urbanísticos de la ciudad, ya afecten al transporte terrestre o al aéreo, a una ciudad que sólo existe en su cabeza. Pero, como esta semana es Nochebuena, vamos a dejar la programación de fin de año para imaginar una realidad distinta. En cada sede local, provincial, autonómica y nacional se reúnen los comités ejecutivos de cada partido para ver en qué pueden colaborar con la oposición. Los ministros, con el presidente del Gobierno a la cabeza, estudian cómo pueden utilizar su influencia para que la entidades bancarias vuelvan a prestar dinero a las empresas y a las familias. Los presidentes de las Comunidades Autónomas utilizan el Consejo de Política Fiscal y Financiera no para obtener más recursos del Estado, sino para hacer efectivos los principios de igualdad y solidaridad entre todos los españoles. Esta semana ha habido una manifestación multitudinaria de políticos a las puertas del Congreso para defender el Estado del Bienestar. Incluso el ministro Montoro se ha vestido de Papá Noel para declarar solemnemente que va a bajar los impuestos. ¿Y qué decir del ministro Wert? Con la voz de barítono que le caracteriza nos ha cantado este villancico. Feliz Navidad.
IDEAL (La Cerradura), 22/12/2013

Lares


En cada casa ecuatoriana hay un dios familiar que te asienta en el mundo. Lo pienso cuando veo a esos hombres y mujeres de ojos intensos y piel morena cuyos rasgos parecen tallados en una madera dura y noble, de balso o algarrobillo, como la que se utiliza para construir canoas en la Amazonia. Cambian las ocupaciones y los estratos sociales, pero hay algo común que sólo he visto en este país, aunque quizá sea propio de Latinoamérica: una relación especial con la naturaleza; como si la gente fuese consciente de que forma parte de ella, como una prolongación. Y es algo que se ve en la costa y en la sierra, en todas las ciudades, independientemente de su tamaño. Porque hay lares que habitan mares y volcanes, selvas y ríos, y que acogen en su seno edificios y calles. Así me imagino también al propio Ecuador: un lar con la forma de un corazón de tierra, agua, cielo y fuego que se extiende a Las Galápagos. Es una relación física y espiritual, inspiradora: la red que envuelve y conecta a millones de seres vivos. El lar del Ecuador habita en cada uno de sus habitantes.

El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 21/12/2013

domingo, 15 de diciembre de 2013

España no somos todos


La desfachatez del Gobierno ha llegado a la Agencia Tributaria. Ya nos había enseñado que hay unos contribuyentes mejores que otros, y que los mejores son los defraudadores, las infantas o esos tesoreros que llevan y al mismo tiempo no llevan la contabilidad del Partido Popular, como con la claridad mental que le caracteriza ha explicado el presidente Mariano Rajoy. A este Gobierno no le gusta que se reforme la Constitución española, pero obvia el mandato que la norma fundamental establece de que todos contribuyamos al sostenimiento de los gastos públicos según nuestra capacidad económica. Si esto es así, ¿por qué se necesitan cargos de confianza en la AEAT? ¿Por qué no son siempre los altos cargos de la Administración funcionarios de carrera? No hay que ser inspector de Hacienda para imaginar por qué se considera necesario elegir a estos cargos. El ministro Cristóbal Montoro dice que los medios que le critican luego van a verle para solucionar sus deudas. ¿Les está amenazando el señor ministro? ¿Se le ha olvidado la protección de datos de los contribuyentes? La voluntad política se demuestra en los detalles, en el modo de gestionar la Administración pública y en otras afirmaciones grandilocuentes: “La suspensión de la autonomía está prevista en la Constitución”, ha afirmado el portavoz del PP en el Congreso, Alfonso Alonso. Tal como ha manejado el Gobierno “el problema regional”, Artur Mas ha visto el cielo abierto para plantear la consulta a los ciudadanos. Pues ¿quién quiere formar parte de España con un gobierno como éste? ¿Quién va a hablar de solidaridad entre todos los españoles cuando estamos bajo un Gobierno que cree en las diferencias de clase? Salta a la vista que para Mariano Rajoy y sus ministros hay unos españoles mejores que otros, y desde las filas populares nos tienen acostumbrados a oír tonterías sobre los andaluces, los catalanes o quien se tercie. Cierto es que Artur Mas es un dirigente tan incompetente como Mariano Rajoy, pero al menos sabe aprovecharse de la nula iniciativa de éste. Obviamente, en Cataluña van a votar a favor de la independencia, que es en realidad una consulta sobre la propia dignidad. Muchas personas que la tienen hace tiempo que hicieron sus maletas. Para que luego los veamos acudir hipócritamente a los funerales de Nelson Mandela, quien, sin embargo, sí sabía muy bien quién era. Porque la identidad no tiene nada que ver con la piel, el territorio, la lengua o el reparto de los recursos públicos. La estupidez no tributa a Hacienda.
IDEAL (La Cerradura), 15/12/2013

Predicadores


En la plaza del Centenario se ha detenido el tiempo. A media tarde, la gente busca la sombra y dormita sobre los bancos, bajo los árboles. El calor ralentiza las cosas, y los pasos de quienes bordean la Columna de los Próceres se vuelven más pesados y silenciosos. Apenas se escucha un murmullo, sólo roto por los vendedores de agua que nos recuerdan uno de los cuatro elementos que inspiran el trazado del parque, junto con la tierra, el fuego y el aire, como en los bosques de la Grecia clásica. Pero, de pronto, un hombre irrumpe en la tranquilidad con paso presuroso y se planta en mitad de la plaza. Lleva un libro en la mano, una pesada Biblia que abre ostentosamente antes de alzar la voz para predicar su verdad. ¿Será una visión producida por el calor? No. Su voz retumba ahora con las bondades del cielo y los peligros del infierno y, como si acudiesen a su llamada, otros dos hombres se acercan al centro de la plaza portando libros sagrados y recitando pasajes que llaman a nuestra salvación. Miro a mi alrededor para ver cuál es la reacción de los presentes, habitantes ociosos del parque que contemplan plácidamente la vida en este mes de diciembre. Nada parece haber cambiado. Sólo esas palabras que nos hacen viajar a otras plazas y otros lugares donde se escucha la llamada a la oración en idiomas tan viejos como el mundo.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 14/12/2013

domingo, 8 de diciembre de 2013

Cuento de Navidad


Con casi un mes de adelanto, la Navidad se ha plantado en el Malecón Simón Bolívar de Guayaquil en la forma de un árbol de veinte metros. Resulta curioso ver un abeto artificial en la costa, como también encontrárselo en muchas tiendas, o en los despachos de las oficinas. La Navidad se convierte así en un símbolo, asociado más bien al consumo que a la celebración en familia. Ya hay largas colas para comprar regalos, para almacenar comida y bebida, ese turrón que se derretiría si no fuera por el aire acondicionado. El año se va y nos preparamos para un nuevo nacimiento, quemando a nuestro añejo yo interior en forma de viejo. De esto modo, toda la ciudad se incendiará en la ceremonia de la resurrección y, como el Ave Fénix, si no resurgimos para ser mejores, al menos durante unas horas sí seremos más felices. A mí, hombre serrano, se me hará difícil disfrutar una Navidad calurosa. Pero, aunque sea una vez al año, siempre resulta un consuelo ver a la gente con buena cara. ¿No se podría hacer lo mismo con la ciudad? No sé cuánto costará plantar frente al mar un árbol, pero si uno camina temprano por las calles de Guayaquil se encontrará con mucha basura, suciedad y miseria. Quizá una campaña navideña nos sirva para ser más cívicos, algo más efectivo que un batallón de limpieza. Mister Scrooge, el personaje navideño por excelencia, era un viejo avaro que, después de recibir la visita de tres fantasmas, decide cambiar su vida y erradicar la pobreza. Es el Cuento de Navidad, de Charles Dickens. Ojalá nuestra Navidad sea algo más que un cuento, y sin necesidad de fantasmas.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 7/12/2013

Drones


Los aviones no tripulados empiezan a ocupar nuestra imaginación, y no sólo el espacio aéreo de la Tierra. Si hace unos meses las Fuerzas Armadas Indias estuvieron a punto de bombardear el planeta Júpiter tras confundirlo con un avión espía, ahora es la empresa Amazon la que planea que sus pedidos los entreguen robots voladores de cuatro patas. Al parecer, estos artilugios han sustituido a los agentes, y los servicios secretos ya no acuden a James Bond, sino a aviones capaces de radiografiar continentes. Los ejércitos presumen de contar en sus filas con estos soldados automáticos, lo que tampoco es de extrañar si uno piensa en quienes dirigen los países, que también parecen autómatas no tripulados. Lo comprobamos estos días en España con José Luis Rodríguez Zapatero, que no sólo presume de ser indeciso y de carecer de iniciativa y de voluntad política, sino que además nos lo explica en un libro que debe de tener su alienado público, porque resulta que se lo han publicado. Pues no vamos a estar rodeados de drones… Se mueven, hablan, presiden gobiernos… pero son dirigidos con un mando a distancia. Me temo que lo mismo podemos decir de Mariano Rajoy y de todos sus ministros, que hacen “lo que tienen que hacer” como hacía Franco, que al menos confesaba gobernar “gracias al favor divino repetidamente prodigado”. Pero, si ya no es el favor divino, ¿quién maneja ahora los dichosos mandos? Las teorías van desde los Iluminati al Club Bilderberg, pasando por Ángela Merkel. Se trata de gente que se levanta, desayuna y no se pone a jugar con la consola, sino con un tablero mundial y un joystick con el que dirigen unos cientos de drones. Y por eso vemos luego lo que vemos en el telediario. Aunque si uno se fija bien, puede llegar a conclusiones más terribles. Observen si no con detenimiento los ojos saltones de José Luis Rodríguez Zapatero y sepárenlos de su imagen personal. Hagan luego lo mismo con la boca de Mariano Rajoy y con el bigote de José María Aznar. Y ahora, si se atreven, den el siguiente paso escalofriante: superpongan esos rasgos juntos en la cara de Felipe González. ¡Ahhh! ¿Han sido capaces de soportar esa visión? ¿Y cual era el resultado? ¡Un drone! Porque va a resultar que nadie ha gobernado España en los últimos años. Ni en b ni en a. Y que los ciudadanos sólo hemos votado a un puñado de drones. Vergüenza nos debería dar. Los drones no la tienen.
IDEAL (La Cerradura), 8/12/2013

viernes, 6 de diciembre de 2013

Cuentos de otro mundo


El cielo de Córdoba se encuentra en su Mezquita. En esa arboleda de arcos rojos y blancos que van repitiendo motivos en un lenguaje secreto, trazando un mapa que nos permite viajar en el tiempo. La Mezquita es en sí misma un universo, y desde su centro uno puede conectarse con otros grandes templos del mundo, recorrer esas líneas maestras que reflejan en la Tierra las rutas trazadas en el firmamento por estrellas y planetas que, sin embargo, no tienen las claves del individuo. Lo sabía bien Jorge Luis Borges, que en La busca de Averroes cuenta cómo Abulgualid Muhámmad Ibn-Ahmad Ibn-Muhámmad Ibn-Rushd (un siglo tardaría ese largo nombre en llegar a Averroes, pasando por Benraist y por Avenryz, y aun por Aben-Rassad y Filius Rosadis) escribe que la divinidad sólo conoce las leyes generales del universo. Borges imagina al filósofo cordobés escuchando el rumor del agua, contemplando la huerta, el Guadalquivir más abajo y después la querida ciudad de Córdoba, no menos clara que Bagdad o que el Cairo, como un complejo y delicado instrumento.
El escritor argentino narra una disputa intelectual sobre las rosas del Indostán, cuyos pétalos, de un rojo encarnado, reproducen versos del Corán, pero que no son comparables, sin embargo, a las flores que decoran los cármenes andaluces. Eso lo corroborará el viajero que se deje llevar por las calles de Córdoba, quien renuncie a los circuitos turísticos y prefiera perderse en los meandros del tiempo. Toda ciudad tiene una cara real y otra imaginaria, y curiosamente, en Córdoba, el elemento fantástico nos conecta con la historia, con los últimos años de Al-Ándalus, con las intrigas y las promesas que se fraguaban en patios y jardines. Borges siente en la última página que su narración es un símbolo de lo que él es, e imagina que él fue Averroes de algún modo para escribir ese cuento, y que, para ser Averroes, tuvo que escribir ese cuento, algo que se reproducirá hasta lo infinito, hasta el momento en que él, Borges, deje de imaginar a Averroes y éste desaparezca.
Así son también las ciudades en nuestro recuerdo. Se convierten en algo mítico, fantástico, hasta que volvemos a recorrerlas desde su centro. En eso se parecen los viajes felices y los buenos cuentos. En ellos hay una historial real y otra secreta, una historia que va revelándose y agrietando la superficie de las cosas, dándoles un nuevo sentido, insospechado, que enriquece nuestra relación con el mundo. Es un mundo que se encuentra bajo el mundo que vemos diariamente, sin prestarle la atención que se merece. Lo sabe otro maestro del cuento, Ángel Olgoso, que vuelve a regalarnos otra edición de sus Cuentos de otro mundo, libro con el que se presenta la Editorial Nazarí. La eficacia de los cuentos de Olgoso radica en su mirada, más honda y perspicaz, pues abarca el mundo sensible, sí, pero también la fantasía y la historia, que se unen en relatos que por ser fantásticos no resultan por ello menos verosímiles, pues guardan una verdad profunda a la que el lector asiste como una revelación: una sacudida, un fogonazo, siempre una sorpresa.
Lo fantástico puede convertirse en un elemento cotidiano, o quizá sea al revés, pues en los Cuentos de otro mundo realidad y fantasía se funden en un lenguaje tremendamente eficaz, que sin recurrir al artificio resulta poético. Olgoso sabe que en un cuento hay que cincelar cada palabra, cada frase y cada párrafo que, reducidos a lo esencial, pueden mostrar una verdad más honda. Es, casi, un lenguaje arquitectónico, como el resplandor de oro de los mosaicos en la Mezquita de Córdoba, como las floraciones blancas y rojas de los arcos. Nada más asombroso que una idea, tan insólita o imposible que se convierte en simbólica: Subí al metro y eché una cabezadita en el asiento. Cuando desperté, ya habíamos dejado atrás el hermoso y multicolor flujo meteórico de los anillos de Saturno (Pantanos Celestes, de Cuentos de otro mundo). Nada más fácil que abrir este libro para viajar.
El Mundo de Andalucía (Viajero del tiempo), 6/12/2013

domingo, 1 de diciembre de 2013

Ficciones


Si una persona adulta del año 1990 se hubiera dormido y hubiera despertado hoy, probablemente no reconocería este mundo. O quizá sí lo reconocería, pero se quedaría admirada del nivel de estupidez alcanzado en veintitrés años, incluso se admiraría de su propia alienación si no hubiera estado durmiendo y hubiera seguido viviendo despierto, envejeciendo y embruteciéndose con la sobreabundancia de información inútil. Pero pensemos que efectivamente ha estado durmiendo y ésta es una columna de ciencia ficción. Lo primero que le sorprendería es descubrir que su familia se ha vuelto autista. Buscaría tal vez a su pareja, o a sus hijos, y los encontraría mudos, tan dormidos como él, absortos en una pantalla. Entraría al comedor y contemplaría una escena terrorífica: su mujer lleva cincuenta minutos mirando la tablet, el mismo tiempo que su hijo -¡tiene 35 años y aún vive en la casa!- ha estado viendo la tele, y ninguno de los dos se ha dirigido la palabra. ¿Podrían ser dos horas, dos días, veintitrés años, tal vez? El hombre no tiene ya tanto tiempo para comprobarlo, pero sí permanece allí de pie durante dos horas, sólo interrumpidas por su hijo, que ha cogido una cerveza de la cocina. ¿Cómo? ¿También se bebe su cerveza? “Oye, Mamá”, dice el hijo por fin. “En la puerta hay un señor mirándonos con una cara muy rara”. “No me digas”, contesta la mujer sin levantar la vista de la tableta. “Pues sácale una foto y me la mandas por WhatsApp”. Y eso es lo que hace el hijo. Saca el móvil, le saca una foto al hombre y se la manda a su madre, y luego la cuelga en su perfil de Facebook y Twitter con un mensaje: “Mi padre, después de echarse una siesta”. Lamentablemente, el hombre no podrá leer el mensaje, por lo que seguirá sintiéndose un extraño en esta familia, que se comunica exclusivamente a través de las redes sociales. Pero si ustedes no creen en la ciencia ficción, pueden observar lo que ocurre en cualquier restaurante. Una pareja que celebra un aniversario sin dirigirse la palabra, chateando cada cual con su móvil y mandando fotos de las rosas que decoran la mesa. Gente hablando por teléfono e ignorando al que tiene en frente, como si estuviera en la intimidad, aunque todo el mundo pueda escuchar su conversación bochornosa. Así, nos pasamos media vida contándoles a los demás los avatares de una realidad inexistente. Pero esta conclusión puede no ser cierta. ¿Podría confírmamelo alguien con el móvil?
IDEAL (La Cerradura), 1/12/2013

domingo, 24 de noviembre de 2013

Ni derecho al pataleo


El último derecho que quiere recortarnos el Gobierno es el del pataleo. No contento con dejarnos en la calle, tampoco quiere que nos manifestemos, que hagamos escraches, que la ciudadanía proteste a las puertas del Congreso. En los últimos meses ha perdido 14 puntos en intención de voto y, según el CIS, Mariano Rajoy es el presidente peor valorado de la historia (no se lo creen Aznar ni Zapatero), con una nota de 2,4 sobre 10. Quizá se la haya puesto el ministro de Educación, José Ignacio Wert, que esta semana, al verse rodeado de periodistas, ha exclamado: “¡Esto es una jungla y yo sin machete!” Una frase digna de su cargo, como tantas otras. Pero ya se trata de algo más que de las formas. Desde el punto de vista  de los derechos civiles y sociales, hemos retrocedido treinta años, y eso que este Gobierno sólo lleva dos en el poder. Y es que, además del chapapote, se le han venido encima varias mareas: la marea blanca en defensa de la sanidad pública, la verde por la educación, la naranja por los servicios sociales… sólo falta la negra, por la democracia española. Los jueces no han visto indicio de delito por las manifestaciones ante el Congreso, por lo que el Gobierno utilizará la vía administrativa, mucho más ágil para poner sanciones. Así, las manifestaciones no autorizadas ante el Congreso y los parlamentos autonómicos, otrora representantes de la soberanía popular, serán consideradas faltas administrativas muy graves, castigadas con multas de hasta 600.000 euros. Es decir, que van a castigar a los ciudadanos que representan porque éstos les reprochan su negligencia. Por la misma razón, el Gobierno ya planea reformar el derecho de huelga. De este modo, ataca tres derechos constitucionales básicos: manifestación, asociación y huelga. ¿Qué va a ser lo próximo? ¿Limitar la libertad de expresión? Este Gobierno, de hecho, se ampara en una situación de excepción para legislar como si efectivamente hubiera que declarar el estado de excepción, o el de sitio, porque no cree en el Estado democrático. Que detengan en Granada a dos estudiantes universitarios por manifestarse contra la LOMCE es otro síntoma, y también que la policía realice una carga desproporcionada. Para reforzar su autoridad, con el título de Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana, el Gobierno quiere aprobar una ley mordaza. Pero, aunque pretendan impedirlo, los ciudadanos no van a parar de manifestarse. No debemos dejar de hacerlo hasta que sea este Gobierno el que se encuentre en la calle.
IDEAL (La Cerradura), 24/11/2013

Chimborazo


Viajar por Ecuador es hacerlo por muchos climas y países, pasar del verano al invierno, descubrir que hay páramos como playas, bosques que se transforman en selvas y volcanes que hacen que cielo e infierno se fundan en una sola línea helada en el horizonte. Saliendo por carretera de Guayas en dirección a Riobamba, el paisaje tropical y las plantaciones de banano pronto se convierten en un bosque tupido conforme el clima se templa. La carretera empieza a ascender y, casi sin darte cuenta, alcanzas los tres mil metros de altura, mientras cruzas las estribaciones de la cordillera andina y el frío entra por la ventanilla. Oscurece, y cuando un manto de niebla cubre la carretera uno se pregunta cómo podían circular los vehículos por aquí de noche, antes de que las vías y la excelente señalización marcasen el trayecto. Los camiones se paran junto a los merenderos, al borde de la carretera, y el viaje se convierte entonces en una carrera de obstáculos, sobre todo contra la propia impaciencia, que te insta a adelantar en tramos donde apenas hay visibilidad. Pero lo peor es no poder ver ahora ese paisaje multiforme que respira como un ser vivo, y que te habla de un país tan rico como desconocido, de una naturaleza tan cotidiana como salvaje. Uno ha atravesado ya El Triunfo, Cumandá, Pallatanga, pero cuando empieza a desanimarse y a sentirse atrapado por una absoluta oscuridad, la carretera desciende hacia el valle y una gran sombra protectora emerge en el horizonte. Y una luna llena, como si quisiera mostrarnos su magnitud, baña de luz blanca la silueta del Chimborazo.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 23/11/2013

domingo, 17 de noviembre de 2013

Sumisos


He leído que el Arzobispado de Granada ha publicado un libro en el que aconseja a la mujer ser sumisa, y la verdad es que su autora, Costanza Miriano, lo parece, a juzgar por la fotografía de su blog, donde luce un escote que le llega al ombligo y del que, obviamente, sólo podrá disfrutar su marido. “Cásate y sé sumisa”, se titula el libro, que hoy en día recuerda más al título de una película porno o de bodrios como “Cincuenta sombras de Gray”, el libro predilecto, como se sabe, de los presos de Guantánamo. Pero también es curioso el título de la editorial que publica el libro, “Nuevo inicio”, que remite a una época postapocalipisis. Aunque atendiendo a la información publicada por la editorial, parece más bien la era postcoito: “Y entre nosotras, podemos decirlo: debajo siempre se coloca el que es más sólido y resistente, porque quien está debajo sostiene el mundo”. Olalá. ¿Éste es el libro de cabecera recomendado por monseñor Martínez? “Esposas, estad sujetas a vuestros maridos”, decía San Pablo a los Efesios. ¿No se lo diría a los adefesios? La propia Costanza le confesó al Papa que su mayor ilusión era someterse valientemente al esposo. ¿Nadie le ha explicado lo que significa el sometimiento? Con todo, tampoco debe ser tan terrible eso de ser sumisos. Lo somos continuamente en cuestiones que tal vez tengan más importancia que las relaciones íntimas, donde, a fin de cuentas, cada cual hace –si le dejan- lo que le pone más. La realidad es que ya nos despelotamos públicamente, sin necesidad de látigos y esposas. Hemos renunciado al trabajo, a la educación y a la sanidad. Nos recortan derechos y libertades, nos suben los impuestos, nos desahucian y hasta nos quitan el pan de la mesa, pero no veo tanta unanimidad en los partidos y las instituciones en la condena pública. Personalmente, no me importa lo que piense Miriano sobre lo que deben hacer las mujeres dentro o fuera de casa o lo que piense el arzobispo, que a la vista está; lo que me asombra es que seamos tan sumisos y tan hipócritas, quedándonos como siempre en la superficie de las cosas, reduciéndolo todo a una cuestión de género. El límite de la libertad de expresión se encuentra en la injuria, por lo que Constanza Miriano puede publicar lo que le dé la gana. Otra cosa es que editorial y autora insulten nuestra inteligencia. Pero más lo hacen nuestros responsables públicos y no pasa absolutamente nada.
IDEAL (La Cerradura), 17/11/2013

sábado, 16 de noviembre de 2013

Mercados


Tiene largas trenzas de pelo negro, que le caen sobre la espalda, una camisa blanca de hilo, una falda negra. Se mueve entre el género con eficacia, y nunca pierde la sonrisa al mostrarte sombreros y zapatos, trajes tradicionales, dominós y máscaras. Lleva la cara limpia de cremas y maquillajes, y es contagiosa su sencilla alegría, la tranquilidad que trasmite, como la certidumbre de ocupar su lugar en el mundo. Una sensación que comparte con las mujeres que mayoritariamente atienden los puestos del mercado artesanal. Todo un contraste con los grandes centros comerciales, donde nada más entrar uno siente un escalofrío, pues la temperatura baja unos diez grados de la temperatura ambiente, un reclamo más para el acalorado consumidor, junto a la música y las ofertas que no admiten regateo. Pero ¿cómo comparar la humildad de las vendedoras del mercado tradicional con la sofisticada eficacia de los dependientes en las tiendas de marca? En los centros comerciales los clientes andan como autómatas, conducidos por la sobreabundancia de productos, ordenados en estanterías y pasillos simétricos, indefectiblemente hacia la caja. Hay quien dice que los centros comerciales representan el ocio del ciudadano actual, más alienado que confuso, y que justifica autoestima y clase social gastando con alegría el dinero. Pero se respira mejor en los mercados tradicionales, donde la sabiduría del comercio es la cultura del trabajo y el sacrificio, el saber ancestral del pueblo. Estos son los templos de la oferta y la demanda, no los mercados de valores donde cotizan nuestras vidas.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 16/11/2013

domingo, 10 de noviembre de 2013

Sucesos


La prensa sensacionalista tiende al realismo mágico, cuando no a una versión trágico-cómica de la realidad. Titulares del tipo “Apuñaló a mujer y se suicidó con el mismo cuchillo”, responden a una presentación dramática de los acontecimientos, más que al resultado de una actualidad dramática, como si el lector viviese anestesiado, y hubiera que despertarlo con una fuerte dosis de adrenalina. O éste otro: “¡Madre, hijo y comadre, al cementerio!”, que parece un chiste de fantasmas, si no se refiriera a las víctimas de un accidente de tráfico ocurrido esta semana en la carretera que une Quito y Guayaquil. La realidad se asoma a los titulares y a las palabras, que el lector recompone como si se tratase de una crónica negra: “¡Negro Mártir y Cabezón, fuera de circulación!” ¿Se trata del título de un cómic? No. Es una noticia sobre la detención de dos peligrosos delincuentes en la cooperativa Santiaguito Roldós. Algunos medios de comunicación nos ofrecen una realidad exagerada, cuando no deformada y sangrienta, más cercana a la ficción, y que convierten al lector en la última víctima de una actualidad truculenta, una nueva noticia para la portada: “Leyó un periódico y perdió la cabeza”. Pero la realidad del país se encuentra en otros titulares más discretos: “Pareja es hallada sin vida en el norte de Guayaquil; e incluso esperanzadores: “El Gobierno elabora un plan para erradicar la pobreza”. La vida no es una noticia que inventamos.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 9/11/2013

Curas, alcaldes y notarios


No es la Santísima Trinidad, ni siquiera una nueva letanía. Pero quizá sea el orden que se planteen ahora las parejas al casarse, dejando aparte a los capitanes de barco. Porque no es tiempo de cruceros y, en época de novias y novios flacos –¿novias andróginas, quizá?- hay que repartir las tasas del casamiento entre iglesia, ayuntamientos y, olalá, notarios, una clase casi tan valorada en España como la realeza. “Primero haces notarías, y luego ya harás lo que te dé la gana”. Eso escuchaban muchos incautos en este país, allá por la adolescencia. ¿Qué mayor honor hay que profesar la fe pública, aunque se trate de la fe en la especulación inmobiliaria? Ahora tendrán que dar fe del amor humano, que no divino, que este sigue en manos de la iglesia. Porque antes los notarios hacían matrimonios de verdad, de esos indisolubles, como los de una casa con su hipoteca. Pero ahora, lo mismo que unen, también lo separarán. ¿Hasta ese punto hemos llegado, señor Gallardón? ¿Hasta el altar le persigue el sentimiento de culpa? La confianza que tiene en su colegas de leyes no tiene parangón ni en el Cielo ni en la Tierra. Quién lo diría, pero la crisis económica va a terminar también con los notarios, esos seres educados en el mundo del dinero y la repetición. Sacadas las oposiciones, el notario iba por la vida recitando hasta la carta de precios de los restaurantes, por eso de la costumbre y la memoria fotográfica. Está demostrado: un notario nunca olvida un número de teléfono ni un artículo del Código Civil. ¿Se acordarán de su cara en este mismo momento? Pues ahí los tienes: repitiendo los méritos de las felices o infelices parejas. Lo siento sobre todo por el ministro Wert, que ya tiene otro conflicto educativo, que no podrá arreglar con volver loca a la gente quitándole por la mañana y devolviéndole por la tarde una beca Erasmus. ¿Le van a pedir ahora todos los notarios de España una indemnización por haberse pasado estudiando media vida para acabar haciendo y deshaciendo matrimonios? Si para eso ya tenemos a Belén Esteban, que sin oposiciones ni educación conocida se ha ganado el respeto de la princesa de Asturias, convencida de que tiene que tratarla de igual a igual. Ay, para que luego digan que no sabemos quién es la princesa de España. ¿No habrá nadie que certifique esta nueva verdad? Pongan un notario en su vida. Es un acto de caridad. Los pobres.
IDEAL (La Cerradura), 10/11/2013

domingo, 3 de noviembre de 2013

Difuntos

Hasta hace pocos años, la celebración de Hallowen en España era algo exótico. Más bien, el Día de Difuntos estaba reservado para visitar las tumbas de los familiares en el cementerio y arreglarlas un poco, y no era raro ver a una mujer limpiando la lápida plumero en mano, barriendo y colocando las flores como si se tratase del salón de casa. “Para que estés más a gusto, Paco”; me la imaginaba yo pensando. “Que hasta muerto hay que estar limpio y guapo”. De hecho, hay quien trata a los muertos como si estuvieran vivos –quizá porque te escuchan pacientemente, en un silencio sepulcral-, y en algunos países de Hispanoamérica no es raro llevarles la comida al cementerio o incluso cantarles canciones u organizarles una fiesta, como la que el Ayuntamiento de Granada les ha aguado a los organizadores del Palacio de Congresos. Lo raro ahora, sin embargo, es no salir disfrazado y con una calabaza en la mano, con lo que cada vez nos parecemos más al jinete de Sleepy Hollow, que, como saben, no tenía cabeza. Pero es de lo que se trata, y para eso están los maratones de películas de zombis y vampiros en algunas cadenas de televisión. Aunque para asustarnos nos basta ver el telediario, donde cada vez asoman más políticos buscando al fantasma del trabajo, de la sanidad o de la educación, los tres espíritus que nos prometieron un futuro mejor. Mientras, las grandes entidades financieras, que no necesitan máscara –ya se la ponen nuestros responsables públicos-, tienen un 80% más de beneficios que el año pasado, gracias al dinero de los contribuyentes españoles, que son accionistas fantasmas y pobres de solemnidad. Pero no pasa nada, por suerte tenemos el Día de Todos los Santos, que viene justo antes del de los Difuntos. ¿Hemos encendido alguna vela por el futuro del país? Cristóbal Montoro, que parece salido de una película de vampiros, dice que “la gente ya empieza a notar la recuperación”. Obviamente, se refiere a Emilio Botín y otros cuantos, que han preparado el guión de la superproducción “La sangre de España”, en la que los protagonistas acuden al Palacio de la Moncloa para tratar de revivir el cadáver del país vertiendo sobre sus cenizas las cifras del paro. De hecho, Montoro ha dicho también que es “un entregado al cine, un devoto”. Dios mío, después de arruinar a los directores españoles, lo mismo lo ficha Tim Burton para interpretar a Ichabod Crane: después de encontrarse con el fantasmal jinete, el pobre perdió la cabeza.


IDEAL (La Cerradura), 3/11/2013

Árboles

El corazón del Ecuador puede ser el claro de un bosque amazónico. Tiene la forma del país, y nos hace pensar que quizá se encuentre donde parece no haber nada, pues lo más esencial no es siempre lo evidente. O quizá sea ese estanque en el centro de una arboleda que nos permite mirar el cielo, o ese árbol solitario que evoca nuestro yo interior. Lo piensa el espectador de los cuadros de Servio Zapata (Zaruma, 1969), que estos días podemos ver en la galería Todo Arte, que, con Mirko Rodic a la cabeza, celebra su veinte aniversario con esta exposición titulada Islas. Servio Zapata se inspira en poetas como Ángel González, Joaquín Sabina o Siomara España para titular sus obras, pero su simbología la encontramos en los motivos, que son siempre árboles, pero nunca los mismos, ya que son seres multiformes, seres humanos más que seres vivos. En Aislados, Árbol genealógico o Conquista, uno cree vislumbrar el origen y el sentido de la humanidad, pero también hay lugar para el amor y la meditación en el Nacimiento de Venus o en Preámbulo a un silencio, pues los cuadros de esta exposición, aun manifestando un expresionismo militante, no dejan de ser paisajes interiores. Y, como el autor, uno termina preguntándose si la simbología o el significado de una obra nacen con las primeras pinceladas del artista, crecen después de horas de trabajo y soledad y acaso sólo terminen de completarse bajo la mirada fascinada del espectador.


El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 2/11/2013

viernes, 1 de noviembre de 2013

La percepción del mundo

Los niños son las únicas personas que conozco que no dudan al decir lo que les ocurre, ni tampoco al decir lo que ocurre a su alrededor. Suelen tener una respuesta clara y concisa, que se parece a una definición o a una sentencia que los padres solemos escuchar atribulados, pensando quizá en qué día o año de nuestra vida nos dejamos la sabiduría, o tan sólo la facultad para oír, mirar y hablar sin que las percepciones vengan contaminadas por manías u obsesiones personales. Los neurólogos explican que nacemos con trillones de neuronas que van creando sinapsis entre sí que son como autopistas de la inteligencia, pero con el paso del tiempo el cerebro se plastifica y endurece, convirtiéndose en lo que cualquier niño llamaría una cabezota. Empezamos a no ver más allá de nuestras narices, y la realidad empieza a convertirse en algo caótico, limitado y previsible. Pero las reglas de un niño están claras: esto sirve para divertirse; esto procura felicidad y aquello no; los adultos –terminan pensando- son expertos en ser infelices. Desde luego, los adultos no tenemos toda la culpa, pero no deja de ser un juicio categórico, que tal vez hubiera compartido Kant con todos los niños del mundo.
Lo pensaba esta semana, al leer la noticia sobre la desaparición y feliz hallazgo de Juan Pedro García Écija, un joven esquizofrénico que vive en uno de los pisos tutelados que la Fundación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental tiene en Granada. Los sucesivos desmantelamientos de la sanidad española han convertido a los enfermos mentales en individuos marginados en muchos casos, que no pueden acudir a sus familias ni a los centros hospitalarios que antes los acogían. Sin embargo, la mayoría son personas que tienen crisis esporádicas, pero que con el tratamiento –no necesariamente farmacológico- adecuado, pueden valerse por sí mismas. De hecho, suelen tener una percepción perspicaz y muy desarrollada, y no es extraño ver en galerías de arte el resultado de terapias ocupacionales que sonrojarían por su fuerza y sensibilidad a algunos de los artistas más cotizados actualmente en el mercado artístico por expresar el mayor valor contemporáneo: la nadería absoluta. Porque las opiniones ajenas te conducen a la nadería, sobre todo los elogios de algunos presuntos críticos que hacen de notarios de la industrial cultural, una industria patéticamente preocupada por el fin del arte, del libro, de la cultura y del mundo, pero que suele promocionar la estupidez, justificada con “un razonable nivel de ventas”.
En España, las políticas educativas y culturales de los sucesivos gobiernos democráticos han tenido como objetivo, o al menos como resultado, plastificar nuestra inteligencia, acabar con las sinapsis y los trillones de neuronas con los que veníamos al mundo. A los sucesivos recortes hay que sumarles nuestra nula creatividad política, nada que ver con la subvención de la cultura, que tanto nos gusta en Andalucía, donde somos expertos en anclarnos en nuestros gustos, nuestros prejuicios y nuestra ideología.
Pero, por fortuna, también ocurre lo contrario, y quien haya viajado estos días a Úbeda se habrá encontrado con que entraba en Mágina, la ciudad imaginaria novelada por Muñoz Molina en obras como Beatus Ille o El jinete polaco. La plaza de Andalucía se ha llamado la plaza del General Orduña, y han sido sus lectores y la Asociación Úbeda por la Cultura los que han querido celebrar la concesión del Premio Príncipe de Asturias de las Letras cambiando el nombre de las calles y plazas reales por los de Mágina. Además del cariño al escritor, ha sido el entusiasmo y su fascinación por un mundo imaginario lo que les ha llevado a transformar la realidad, aunque sólo sea temporalmente. Lo mismo que suele hacer todos los días el joven Juan Pedro García Écija en la soledad de un cuarto. Como cualquier artista de verdad, que nos ofrece luego su percepción singular del mundo.

El Mundo Andalucía (Viajero del tiempo), 1/11/2013

lunes, 28 de octubre de 2013

Microcosmos


Hay lugares que parecen personificar lo que ocurre en el mundo, que tienen una fisonomía que muestra el paso de los años, pero que también los conecta con el futuro y la modernidad, como si fueran máquinas del tiempo que nos revelan lo que fuimos y acaso lo que nos espera. Es lo que ocurre con el barrio del Albayzín, donde vecinos más granadinos que nadie conviven con turistas, intelectuales, románticos y, últimamente, también con ocupas. La Asociación de Vecinos San Idelfonso había denunciado hace meses la ocupación de una urbanización en el barrio, que la concejalía de urbanismo ha recuperado esta semana. Pero ¿la ha recuperado para la sociedad? Antes de la crisis, la Granada histórica ya era el destino favorito de una fauna salida de la saga Mad Max, pero la debacle económica actual parece ser la excusa perfecta para que mucha gente decida vivir fuera de la sociedad, pero curiosamente a costa de ella. Son personas que justifican su apatía con los derechos sociales –la vivienda y la salud, porque a la educación han renunciado-, pero que, sin embargo, no están dispuestas a aportar algo útil, salvo escándalos, borracheras e intimidaciones. Nada que ver con los 172.000 granadinos que actualmente no tienen trabajo, según la EPA (Encuesta de Población Activa), y que podrían ocupar toda una ciudad. Tanto como las cifras, asusta el lenguaje utilizado: población activa, tasa de paro (¡38,5%!) y de actividad, personas ocupadas y desocupadas. La actualidad es un inventario deprimente de cifras, pero entre las noticias de esta semana se contaba la desaparición y feliz hallazgo de Juan Pedro García Ecija, un joven esquizofrénico que vive en uno de los pisos tutelados por la Fundación Pública Andaluza para la Integración Social de Personas con Enfermedad Mental. IDEAL publicaba la foto de un chaval sano, guapo, de ojos intensos, que parecía preguntarle al mundo por su razón de ser. La Asociación Granadina de Familiares y Personas con Enfermedad Mental (Agrafem) denuncia la situación de muchos enfermos mentales, expulsados del sistema sanitario y que viven en la calle. Porque vamos creando clases, marginados, burbujas de personas aisladas dentro de la sociedad, muchas de las cuales no figuran en esas cifras alarmantes que dividen a la gente entre la que trabaja y la que no. Ése debe ser el precio de salir de la recesión, que se anuncia con la euforia propia de los moribundos, que parecen revivir en el último momento. Pero más vale ocuparse que preocuparse. Todo lo contrario a ocupar.
IDEAL (La Cerradura), 27/10/2013

Costa


Al amanecer, el cielo se confunde con el mar en la línea del horizonte. Casi imperceptiblemente, empiezan a perfilarse algunas sombras: manchas alargadas al principio, poco a poco reconocibles como velas oscurecidas sobre el agua, encendidas luego por los primeros rayos de sol que descubren las figuras de los barcos de pesca, que la noche devuelve a la realidad. Las embarcaciones son arrastradas por la arena penosamente, pero junto al cansancio aparece la alegría de la captura: langostas, camarones y corvinas que son expuestos en mesas de madera como en un altar hecho de sudor y sal: el mar que ofrece su sacrificio a la tierra. Porque cada mañana la costa asiste a una nueva creación cuyo ritmo lo marcan los pescadores, pero su oración tiene más que ver con la suerte, las redes y la paciencia, con la fe en encontrar un gran banco de peces que justifique el orgullo y el consuelo del regreso. En la playa, hay un tufo a pescado y una alegría de gaviotas que se lanzan a por las sobras; son tan grandes como buitres, que escenifican la ceremonia de vida y muerte y vida que se reproduce a diario. ¿Hay algo mejor que un desayuno de conchas, marisco y pescado recién capturados? Las profundas arrugas en la cara y el cuello de los pescadores, las manchas del sol en la piel y las cicatrices de las manos hablan de un oficio tan viejo y tan duro como el mundo. Pero los ojos son como el mar en calma: tranquilos y hondos.
El Telégrafo (Zoom del Ecuador), 26/10/2013