domingo, 19 de noviembre de 2017

Rufianes

Resulta sorprendente que algunas personas tengan un escaño en el Congreso de los Diputados, expresión (a veces) de la soberanía popular. Porque, si los diputados son elegidos por el pueblo, ¿tenemos que creer que una parte significativa de los ciudadanos es como Gabriel Rufián? Teniendo en cuenta que hay quien se ha educado con TV3 o con el resto de cadenas de televisión españolas públicas y privadas que, con la salvedad de La 2, exhiben un nivel cultural paupérrimo, la respuesta debe ser: sí, estamos creando una sociedad de rufianes. Y a lo mejor hay quien se acuerda ahora del desmantelamiento del sistema educativo. O de la cesión de la competencia en educación a las Comunidades Autónomas, empeñadas en tener su propia televisión pública, sus propios libros de texto y su propia idea de España, cuando no de los propios ciudadanos. Porque Rufián no es muy distinto a otros jóvenes españoles que sólo son tolerantes consigo mismos. La diferencia es que Rufián hace botellón en el Congreso, y no en algunos pisos del barrio de los Pajaritos, en Granada, que puede volverse infernal por la noche, con ¿estudiantes? cantando o vomitando por los balcones, como el diputado de ERC desde su escaño. No me parece tampoco una casualidad que las películas españolas más taquilleras de los últimos años lleven títulos como “Ocho apellidos vascos”, “Ocho apellidos catalanes” o “Torrente 2: misión en Marbella”; ni que representen una España retrógrada, con personajes folclóricos y arquetípicos de lo peor del Estado autonómico, que sin embargo vemos también en el Congreso, donde esta semana ha empezado a trabajar la comisión que estudiará una posible reforma de la organización territorial del Estado y de la  Constitución española. Según el CIS, el 40% de la población quiere que el Estado de las Autonomías siga como está, el 14% que éstas tengan mayor nivel de autogobierno, y el 11% volver a un Estado central; el resto, pasa del tema. ¿Nuestra clase política está en la realidad?  La realidad, como la política, se ha convertido en nuestro país en un espectáculo del que apenas nos saca la constatación de que se ha suspendido la autonomía de Cataluña y que la Constitución y las leyes se aplican, aunque haya quien no lo entienda. Del estupor provocado por el procés hemos pasado al hartazgo y al postprocés, que para algunos es una especie de postverdad en la que únicamente importa lo que ellos cuentan. ¡Un poco de silencio, por favor! Aunque sólo sea para no tener que escuchar a tantos rufianes.

IDEAL (La Cerradura), 19/11/2017

domingo, 12 de noviembre de 2017

Fantasía

Vivimos en una sociedad tan infantil en algunos aspectos que a veces uno se asombra de su mera existencia. Según el día de la semana, lo mismo el mundo se acaba que cruza una nueva frontera. Es como si el ser humano evolucionara e involucionara a la vez, por lo que puedes desayunar con la amenaza del cambio climático –vista desde un satélite, la mitad de España es un desierto, y no sólo a nivel político- que cenar en la era de Ultrón. Ya ni siquiera nos extraña que Puigdemont despotrique en Bruselas en el intento de quebrar también la UE, ni que, después de un año, Donald Trump sea capaz de ganar unas nuevas elecciones en USA, según las encuestas. Pero es que hay tanta gente convencida de vivir en su propio mundo que cualquier cosa es posible, la peor y la mejor. Hasta la empresa Disney, reina de la industria del entretenimiento, se ha dado cuenta, y se dedica a hacer remakes de sus películas de dibujos animados, por lo que trabaja con actores reales para “dar vida” a lo que sólo eran personajes de animación. Como metáfora de lo que ocurre en el mundo de las ideas no está nada mal. Por lo visto, Beyoncé va a interpretar el personaje de Nala, la novia de Simba en “El rey León”, película que algunos periodistas tildan de “clásico” sin sonrojarse. Quizá sí lo sea la película que da título a esta columna, “Fantasía”, que reinterpreta desde la animación obras de Bach, Tchaikovski, Dukas, Stravinski o Beethoven, pero tanto remake suena a chiste. Acaso tenga algo que ver que “El rey león” haya sido una de las películas más taquilleras de la historia, y sin desmerecer la participación de Elton John, Tim Rice o Hans Zimmer, resulta asombroso que se hayan vendido catorce millones de copias de la banda sonora. Ya no recuerdo si me quedé dormido con esta película –probablemente sí y por eso no me acuerdo-, pero el empeño de Disney por resucitar meros dibujos con personajes reales, como ha ocurrido con “Alicia en el país de las maravillas”, “La Cenicienta”, “El libro de la selva” o “La bella y la bestia”, revela la intención de fidelizar a un público que creció con estas películas: un público que sigue siendo esencialmente infantil treinta años después. Y es que si la realidad gusta de las simetrías y los leves anacronismos, como escribiera Borges, y éstos son cada vez más vergonzosos, hay quien prefiere continuar abrazando la fantasía.

IDEAL (La Cerradura,12/11/2017)

domingo, 5 de noviembre de 2017

Prófugos

Se ve que ni el propio expresidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, se ha creído lo de la república catalana, pues ha salido corriendo a Bélgica para ver si lo acoge algún flamenco entre sus alas. Si al final este hombre nos va a dar pena, aunque antes de irse haya quebrado a toda una comunidad autónoma y a buena parte de las personas que siguen viviendo en ella. Menudo fill de la chingada, que es como se llaman unos a otros algunos políticos en esta Cataluña sin cabeza. Por lo menos, no se ha ido corriendo con el botín como el clan Pujol, que ni siquiera se ha molestado en exiliarse. “Total”, pensaban, “si este país soy yo”. Y todavía lo piensa demasiada gente, que no entiende de otras leyes que las propias, a pesar de que no puedan denominarse así, al no ser aprobadas por un procedimiento democrático. Oriol Junqueras y ocho exconsejeros del expresidente fantasma han ingresado esta semana en la cárcel, y hay quien se sorprende, quizá porque en España estamos acostumbrados a que la legalidad se cuestione por parte del poder político. De hecho, los argumentos con los que se ha criticado el auto de la magistrada de la Audiencia Nacional Carmen Lamela han sido políticos y no jurídicos. Que si no ha sido la decisión más prudente. Que si ha sido demasiado severa. Que si se le están dando más razones al independentismo. Que si se van a judicializar las elecciones. Pablo Iglesias y Ada Colau hablan de presos políticos y piden la amnistía, cuando la realidad es que todavía no se ha condenado a nadie y sólo se está aplicando una medida cautelar, dado que existe un riesgo real de fuga, como ha ilustrado el presidente Puigdemont, que está sin embargo dispuesto a entregarse a la justicia belga, acaso para ser inmortalizado como un revolucionario y no como un caganer. Pero si uno lee el auto de la magistrada Lamela, lo que le sorprende es que estos señores y señoras no hayan entrado en la cárcel antes, porque sólo el relato de los hechos es una crónica criminal que evidencia un plan perfectamente meditado para fracturar un país por encima de cualquier otra consideración política, jurídica, económica o personal. En un mitin celebrado el 8 de septiembre, Puigdemont les pedía a los ciudadanos que se enfrentaran a los alcaldes para que los dejasen votar: “Vosotros les pagáis y ellos os tienen que rendir cuentas”. Pero los ciudadanos no pueden huir. Ésa es la diferencia.

IDEAL (La Cerradura), 5/11/2017

domingo, 29 de octubre de 2017

Repúblicas

Si nuestra sociedad es un reflejo de las personas que vivimos en ella, lo de España podría definirse como una esquizofrenia territorial, que abarca desde los nacionalistas catalanes a los granadinos melancólicos que pretenden proclamar la comunidad autónoma de Andalucía Oriental, pasando por los estudiantes del segundo, que han decidido plantar marihuana en el balcón en vez de una bandera, pensando que quizá coloquen lo mismo. Y es que estábamos acostumbrados a que los partidos hicieran de las Administraciones públicas su cortijo –qué bien lo cuenta Bárcenas-, pero viendo que la justicia a veces funciona, hay quien prefiere un territorio exclusivo donde no haga falta cobrar en negro y las leyes sean también a la carta. Menuda revolución. Más simpatías me produce la protagonizada por doscientos jornaleros de los invernaderos de Albuñol, según informaba Mercedes Navarrete en IDEAL esta semana. Trabajadores marroquíes, senegaleses y rumanos que, ganando 3,75 euros la hora y sin cotizar a la Seguridad Social, no creo que les dé para declarar una república. El Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) denuncia las lamentables condiciones laborales, pero la Unión de Agricultores y Ganaderos de Andalucía (COAG) lo niega. A mí me gusta uno de los lemas de esta rebelión: “Si te explotan, no explotes. ¡Cumple con el convenio!” ¿No sería extrapolable desde la Costa Oriental de Granada a la Costa Brava? Como las declaraciones de la alcaldesa de Albuñol, María José Sánchez: “No voy a permitir que rompan la paz social”. Y es que la paz se ha convertido en un lujo, como la idea de Estado que Platón expresaba en “La República”, donde los más sabios han de ser los gobernantes y cada uno debe cumplir su función. ¿Saben nuestros gobernantes las funciones que tienen? No parecen saberlo Carles Puigdemont ni Mariano Rajoy; ni siquiera Francisco Cuenca, reprobado en el pleno del Ayuntamiento. Pero ¿para qué lo reprueban, si va a continuar siendo alcalde? Algunos políticos disfrutan generando noticias y convocando ruedas de prensa para estresar a los periodistas, ya que su amor propio –salvo el de la digna dimisión- no tiene medida, aunque algunas informaciones en comparación resulten ridículas. A Platón le hubiese gustado que coincidiesen la filosofía y el poder político en el gobierno de las ciudades, pero actualmente lo más parecido a esta filosofía es el eslogan de una conocida marca de muebles que proclama “la república de tu casa”. Y hay quien se lo toma en sentido literal. Sin embargo, a veces vale más reconocer nuestra dependencia que declarar la independencia.

IDEAL (La Cerradura), 29/10/2017

domingo, 22 de octubre de 2017

Granada Noir

La crónica negra sobre la gestión del PP en el Ayuntamiento de Granada parece no tener fin. En vísperas de las elecciones municipales de 2015, alguien en el consistorio dio la orden de que se paralizasen las notificaciones de multas, con lo que prescribieron 10.000 sanciones, según informaban María Victoria Cobo y Quico Chirino en IDEAL esta semana. Total, qué son 500.000 euros en las arcas municipales frente a unos cuantos votos. Si no se han tramitado 40.000 expedientes sancionadores tocan a unos 12,5 euros, menos de lo que cuesta un menú en el Asador de Castilla para pactar un nuevo gobierno. El nepotismo en el poder se termina convirtiendo en una cadena de favores para asegurar una red clientelar que te mantenga en el cargo. A través del no cobro de una multa, la consecución de un contrato, un puesto de trabajo para un vecino o un familiar. Lo que el PP denuncia en la Junta de Andalucía es lo mismo que ha practicado en el Ayuntamiento de Granada o en la Comunidad de Madrid, porque, independientemente de las siglas, lo que hay que limitar por ley es la duración de los mandatos, como también comentaba Jesús Lens en estas mismas páginas. Y parafraseando a Petros Márkaris, con el que Jesús conversó en el Centro Lorca el pasado viernes para clausurar brillantemente la tercera edición del Festival Granada Noir: “No es el policía el que sirve para explicar la realidad, es el género negro, que se ha convertido en el mejor método para abordar los problemas de la sociedad”. En la serie de novelas que le han llevado al gran público, protagonizadas por el comisario Kostas Jaritos, Márkaris retrata una sociedad al borde del colapso. Y lo que ocurre en Grecia es extrapolable a España o a cualquier país de Europa. Emmanuel Macron ha alertado esta semana de que los grandes peligros a los que se enfrenta la UE son los movimientos secesionistas y el populismo. ¡Ay! Cuando pienso en nuestros políticos, siempre me acuerdo de la definición de policía que hace Ambrose Bierce en “El diccionario del Diablo”: “Fuerza armada que participa de los mismos actos de los que nos protege”. Pero claro, también definía al político como “anguila que mora en el lodo sobre el que se erige la estructura de la sociedad organizada”. Y de los escritores decía que “dedican su imaginación a darles vueltas a las actividades de los fantasmas”. Policías, políticos y escritores se mezclan en esta Granada Noir. Lo mismo aprendemos mucho unos de otros.

IDEAL (La Cerradura), 22/10/2017

domingo, 15 de octubre de 2017

Fronteras y derechos

Las aguas del Mediterráneo, vistas desde un barco, no son distintas a las de otro mar: de un azul brillante al medio día, cuando están en calma, como si fuesen acumulando toda su fuerza; oscuras al atardecer, con la marejada, con penachos blancos sobre las olas que ululan y se quejan antes de chocar con el casco. Pero sí son distintas para quien tiene que cruzarlas necesariamente, pues de ello depende su vida, y entonces cobra mucha más importancia el tiempo, más allá de las licencias poéticas, por si la marejada se transforma en un temporal. Quien quizá haya atravesado cuatro o cinco fronteras soportando vejaciones de todo tipo, debe enfrentarse a una más, y en esta última son más importantes las leyes atmosféricas que las de una Europa convertida en una fortaleza. Pero qué difícil es alcanzar el mar. En estos días en que nos preocupan tanto las resoluciones judiciales a propósito de Cataluña, España ha sido condenada por el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo a indemnizar con 5.000 euros a dos personas que cruzaron de manera irregular la valla de Melilla y fueron devueltas a Marruecos en contra de su voluntad. Lo que se denomina “devoluciones en caliente”, pues ni siquiera se comprueba la identidad de los migrantes, que no reciben asistencia legal o médica. Supongo que para N.D. y N.T., ciudadanos de Mali y Costa de Marfil, el cobro de esa indemnización será como si les tocase la lotería, y el Gobierno español hará bien en pagarla cumplidamente, aunque ya dedique muchos recursos al equipo de Salvamento Marítimo, que tiene como principal objetivo salvaguardar la vida humana en el mar, algo que no hacen otros países europeos. Son las dos caras de España, que se muestran en muchos aspectos de la vida social y política, donde lo mismo asistimos a actuaciones solidarias que a otras que revelan más bien el racismo y la xenofobia. Al parecer, ya nadie se acuerda del drama de los refugiados y del compromiso de acogida de los países europeos, como España, que apenas ha recibido al 12% de la cifra pactada. Estamos demasiado preocupados en salvar la integridad del país y porque parte de la burguesía catalana aliada con sus enemigos naturales no hagan saltar nuestras fronteras por los aires. Parece increíble. Unos tienen tanto que necesitan habitar un país exclusivo. Otros tienen tan poco que les vale cualquier lugar para vivir. Y es que, según desde dónde mires, fronteras y derechos pueden ser sólo algo imaginario.

IDEAL (La Cerradura), 15/10/2017

domingo, 8 de octubre de 2017

Reyes y bufones

 Pues ha tenido que ser el Rey de España quien diga por fin algo sensato sobre la insurrección en Cataluña, resumiendo perfectamente la situación y reclamando la aplicación de la ley y el restablecimiento del Estado de Derecho. Por preparación, saber estar y sentido común sería el mejor político de España; si no fuera rey, claro, porque no podemos votarle en unas elecciones. ¿Podrían intercambiar Felipe VI y Mariano Rajoy sus papeles? Hace mucho, mucho tiempo, un rey le dijo a su holgazán bufón: “Si yo fuera tú y tú fueras yo mis horas volarían alegremente, sin preocupaciones ni pesares que las importunaran”. ¿Cuántas cabezas coronadas hay en nuestro país? Iluminadas hay muchas, y se han dado perfecta cuenta los líderes de la extrema derecha europea, que son los únicos políticos que apoyan a Puigdemont y compañía: Nigel Farage (del UKIP británico), Geert Wilders (líder del PVV holandés) y Heinz-Christian (presidente del FPÖ austríaco). Menudos compañeros de viaje, pero tienen en común defender un nacionalismo obtuso, racista y excluyente. Y no los quieren tampoco los dueños de las principales empresas catalanas, que están cambiando de domicilio, algo que quizá sea más efectivo para parar el procés que la suspensión de la autonomía. ¿En qué piensa Mariano Rajoy? “¡Un euro por tus pensamientos!”, exclaman los bancos catalanes, que requieren un decreto exprés para trasladar sus sedes. ¿Y por qué no una alfombra roja? Los independentistas han llevado a la bancarrota a una de las regiones más prósperas de Europa. Aunque es algo más fácil de lo que parece. Sólo hay que empeñarse en ello. Y en este contexto, resulta bochornoso escuchar en Granada a Luis Salvador pedir la dimisión del alcalde y al PP plantear una moción de censura. ¿Va a volver a gobernar el partido que ha quebrado el Ayuntamiento? El afán de protagonismo de algunos políticos termina convirtiéndolos en bufones, esos funcionarios del servicio doméstico de los reyes cuyo trabajo consistía en entretener a la corte con actos y palabras ridículas. ¿A quién entretiene este nuevo bufón, a Sebastián Pérez? Qué desperdicio de dinero gastado en pagar las dietas de estos personajes, diputados en el Congreso, que a veces también se parece a un circo, como la política una industria más del entretenimiento. Al bufón se le solía llamar tonto, pero hay quien lo presenta como una persona especialmente sabia e ingeniosa. La cosa es tener público, o un espejo. Esta semana el rey de España se ha puesto serio, pero hay quien sigue riéndose a carcajadas. Qué pandilla de bufones.

IDEAL (La Cerradura), 8/10/2017