domingo, 14 de enero de 2018

El efecto Puigdemont

España bate récords hasta el esperpento. Convertida la política en un show, Cataluña parece ser un payaso personificado por Puigdemont, que propone una investidura telemática, vía Skype. Junts per Catalunya y ERC le siguen el juego, llevados en volandas por 900.000 votos de ciudadanos hipnotizados por un personaje mitad pirómano mitad enterrador. Y dice poco de nuestra clase política el que los jueces se hayan convertido en los únicos valedores del Estado de Derecho. Más preocupados por la repercusión mediática que por hacer propuestas viables, los partidos lanzan globos sonda, pidiendo un poco de atención. Lo es la propuesta del PSOE para poner un impuesto a la banca. El mismo día en que Rato presumía en el Congreso de su gestión al frente de Bankia, equiparando la política a la economía, la gestión pública al interés personal, y aprovechaba para vengarse de Luis de Guindos y Mariano Rajoy. Como ilustración de los mecanismos del poder, no estuvo mal. “Durante mis conversaciones con Guindos sobre la entidad en marzo, abril y mayo de 2012, este se apoyó en los principales competidores, a los que llegó a encargar realizar cuáles eran las necesarias provisiones para Bankia. “Esos competidores (Santander, BBVA y CaixaBank) fueron, sin duda, los grandes receptores de depósitos que salieron de Bankia tras su nacionalización en el verano de 2012”. Pues ya sabemos quién se quedó los 22.424 millones de euros con los que rescataron a Bankia los ciudadanos. La misma entidad que se ha fusionado con BMN, la antigua Caja Granada. ¿Revertirá una parte de ese dinero a los granadinos? Cuentan las crónicas que esta fusión llevará aparejada la pérdida de 2.500 puestos de trabajo, sobre todo en los servicios centrales. Y las malas lenguas hablan del peligro de desaparición de la Fundación Caja Granada. Menuda herencia política. Nada a lo que no estemos acostumbrados en esta ciudad en la que los partidos son incapaces de ponerse de acuerdo para sacar adelante el presupuesto municipal. Que el PP haya votado en contra no le extraña a nadie, pues después de provocar la quiebra del Ayuntamiento parece desear su intervención por el ministerio de Hacienda. ¿Se habrá confundido con el ministerio del Tiempo, pensado que no existen las hemerotecas? Lo que no se entiende es lo de Ciudadanos, que ha permitido gobernar a Cuenca para luego hundirlo en la miseria. Pero es que estaba por medio un tal Luis “Salvador”. El papel que quizá ansíe Sebastián Pérez. Y entre que nos salvan o nos hunden, todos sufrimos el efecto Puigdemont.

IDEAL (La Cerradura), 14/01/2018

domingo, 7 de enero de 2018

Aporofobia

Cincuenta y siete mil niños granadinos no se levantaron ayer con regalos de Reyes, según informaba Ángeles Peñalver en IDEAL esta semana, quien ponía el ejemplo de Khadija, vecina de La Chana con un sueldo de 400 euros y dos hijos de siete y diez años. Pero lo que más me ha llamado la atención son los comentarios de algunos lectores en la web del periódico. A una chica le extraña lo de Khadija, “porque los musulmanes no celebran los Reyes”. Otro niega la mayor, pues afirma que en Granada “no hay tantos niños”. Hay quien se queja de que entidades españolas ayuden “a los árabes”, y quien asegura que la mujer “miente más que habla”. No caen en la cuenta de que Khadija es granadina a todos los efectos (lleva viviendo aquí diecisiete años), más allá de la religión que tenga, algo a lo que no se hacía referencia en el artículo, al margen de su origen marroquí. Pero en la imagen aparecía con velo, claro. Quizá les caiga mejor a los internautas el indigente sevillano al que la policía ha requisado 18.650 euros en la Glorieta de Arabial, la placeta donde solía pernoctar, según informaba Yenalia Huertas. Concretamente, 33 billetes de 500 euros, 42 de 50, 4 de 10 y 2 de 5, cuya procedencia no ha podido justificar el hombre de 32 años e iniciales J. J. B, quien por lo visto tiene antecedentes por delitos de robo con fuerza. ¿Será también una cuestión de religión o nacionalidad? Al miedo al pobre le ha puesto nombre la filósofa Adela Cortina, que publicó en 2017 un ensayo titulado “Aporofobia” (Paidós), la palabra del año según la Fundación del Español Vigente y acuñada a partir de los términos griegos “áporos” (sin recursos) y “fobia” (terror, pánico). Adela Cortina ha destacado que a los inmigrantes y refugiados no se les rechaza por ser extranjeros, sino por pobres, un miedo (a la pobreza) que ha calado entre la población en tiempos de crisis económica. Porque a nadie le molesta que los ricos se gasten su dinero en España, un país cuya mayor industria es el turismo, pero donde hay verdadero pavor a que los pobres del mundo vengan “a quitarnos” el pan de nuestra mesa. Una visión fomentada interesadamente desde posiciones políticas reaccionarias y que se propaga por el páramo cultural en que se ha convertido Internet. Esto también merece un nombre: “egofobia”. Porque, en el fondo, se trata de miedo a lo peor de nosotros mismos. Y de una gran pobreza cultural.  

IDEAL (La Cerradura), 7/01/2018 

domingo, 31 de diciembre de 2017

Cuentos

El espíritu de la Navidad es contagioso. Escucho a la vecina de arriba, que tendrá veinte años, cantando un villancico; pero también a la de abajo, que podría ser su abuela. Lo curioso es que cantan el mismo villancico: “Arre borriquita, arre burra, arre, anda más deprisa que llegamos tarde… Que mañana es fiesta y el otro también”. El resto es un tarareo indescifrable, pero lo importante es que hoy es fiesta y el otro también y, en Granada, hasta otro más. ¡Toma! Y que ha pasado otro año sin que nos demos cuenta. Bueno, según de qué. Esta semana, la medida de lo que ocurre en España la ha dado Tabarnia, una hipotética comunidad autónoma cuyo territorio lo forman Barcelona y buena parte de la costa catalana, que aglutina el noventa por ciento de la riqueza de Cataluña y el voto españolista, y que quiere independizarse de la independencia. Pero lo que parecía una inocentada hay quien se lo toma muy en serio, como se han tomado el procés. A fin de cuentas, somos un país educado por Mortadelo y Filemón, a los que Ibáñez pronto les encomendará la “Misión Tabarnia” o la “Misión Puigdemont”. En eso estamos. Aunque yo pienso más bien en la película dirigida por Roland Joffé e interpretada por Robert De Niro y Jeremy Irons, que narra el exterminio de los indios guaraníes y las misiones jesuítas en las cataratas del Iguazú tras la firma del Tratado de Madrid en 1750 entre España y Portugal. Éso era un problema, y no las continuas pataletas de este país de lloricas. De hecho, en América Latina todavía sí se habla con propiedad de plurinacionalidad y nacionalidades para referirse a los pueblos aborígenes que han sufrido la segregación racial y económica, la exclusión y la marginación en países como Bolivia, Ecuador o Perú. Pero no aquí, donde debería caérsenos la cara de vergüenza. Sobre todo al conocer realidades mucho más prosaicas como las que viven los vecinos de Almanjáyar, a los que también se trata actualmente como a indígenas, y a los que se les corta la luz haga o no frío, llueva o llegue otro temporal. Un barrio que sólo acapara titulares por las quejas de algunos estudiantes de la Escuela Oficial de Idiomas, que ahora aprenderán la realidad social de Granada, que no es la del centro-histórico-turístico. Es lo que tiene la privatización de los servicios públicos, gestionados por compañías privadas donde los partidos políticos colocan a sus expresidentes/as o exministros/as. Los místeres y misses Scrooge de hoy. Feliz año ¿nuevo?

IDEAL (La Cerradura), 31/12/2017

martes, 26 de diciembre de 2017

Banderas

Resulta muy diferente dónde se enarbola una bandera de España. No es lo mismo verla en Granada, donde según el contexto puede resultar ridículo, que en Melilla, por ejemplo, que no deja de ser una ciudad de frontera y una plaza política y militar en un país extranjero. Uno entiende la añoranza por la madre patria cuando vive fuera de su casa, pero en las democracias, donde uno ejerce con normalidad sus derechos políticos, el patriotismo suele quedar reducido al deporte, al fútbol en el caso español, donde la pregunta más existencial que suele hacerse es si se es del Barça o del Real Madrid. Pero si las banderas salen a la calle es porque la democracia no existe, y lo hemos visto claramente en Cataluña, donde se ha excluido sistemáticamente a aquellas personas que no enarbolaban una señera. Es una confusión importante que contamina todos los estratos sociales, incluido el deporte, con un club de fútbol, el Barcelona, abducido por el nacionalismo, y donde jugadores como Piqué, exjugadores como Xavi o entrenadores como Guardiola hacen campaña y hablan sin sonrojarse de presos políticos. Pero presos políticos son los trabajadores de la Generalitat que no se atrevían a decir lo que pensaban por miedo a ser despedidos, las familias que han vivido con verdadera angustia el proceso electoral y que vistos los resultados y la prolongación de la pesadilla se plantean dejar su tierra natal. Porque resulta muy fácil reclamar los derechos que uno tiene y muy difícil ejercerlos cuando uno no está seguro de a qué país pertenece. Algunas personas parecen vivir un presente absoluto, aislado del pasado y del porvenir, sumergidos en un delirio que lo convierte todo en urgente e instantáneo. Eso es el fanatismo. Y en España se vive así tanto la política como el fútbol. Nadie parece pensar en el mañana a no ser que se trate de “su mañana”. Desde la crisis de 2007 la sociedad española se ha empobrecido y ha aumentado la precariedad laboral, pero el Gobierno sólo se ha preocupado de cuadrar las cuentas públicas, como ha tratado de “cuadrar” el problema catalán con unas elecciones que vuelven a demostrar lo que ya sabíamos: que hay dos millones de ciudadanos catalanes que quieren independizarse. ¿No habría que asumirlo y buscar una solución? Los periódicos nos han pintado a Inés Arrimadas como una nueva heroína que defenderá en el parlamento catalán el orgullo español frente a un mártir y un profeta. Pero quizá sea tiempo de arriar esos trapos de colores que llamamos banderas.
                                                                               IDEAL (La Cerradura), 24/12/2017  

domingo, 17 de diciembre de 2017

El retorno del Jedi

Algo debe ocurrir en la política española para que por presunta corrupción (Andalucía) y flagrante obnubilación (Cataluña) los expresidentes de dos comunidades autónomas y sus exconsejeros se encuentren sentados en el banquillo de los acusados o en fuga y captura de la justicia, que parece ser la única institución que funciona normalmente en el país. Porque es lo mismo que ha ocurrido en la comunidad de Madrid o en buena parte de los ayuntamientos de España, con exalcaldes como el de Granada. Tal vez sean necesarios los recursos, el tiempo y el esfuerzo que funcionarios, miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado y comentaristas varios le han tenido que dedicar a la cuestión, pero da la sensación de que no ha ocurrido otra cosa desde la Transición a la actualidad en un país al que tanto le está costando adquirir cierta madurez política y social. Es como si aquí se hablara de la posible realización de obras públicas antes que de su ejecución, de la potencial prestación de servicios públicos antes que de su disfrute, de la posibilidad de un trabajo y una vida digna antes que del cumplimiento de la jornada de trabajo o el aprovechamiento de los servicios sociales. Si uno atiende a los medios de comunicación, de la calidad de vida española sólo se aprovechan los turistas extranjeros, ávidos de la sanidad, de nuestro patrimonio histórico y de las playas, de los hoteles y los cientos de miles de bares, de esos fragmentos de felicidad que se les evaporan a los españolitos. Y, sin embargo, no conozco ningún otro lugar donde la gente salga más a la calle, donde uno sea capaz de endeudarse para quedar con los amigos o hacer un viaje, donde hay actividades culturales (y, por tanto, artistas y creadores de todo tipo) en casi todos los pueblos, donde se acaba agotado de pura risa y si uno se va a la cama es porque se acabó el préstamo o le dieron antes un par de hostias. ¿La peña se apoya en el escaño, en el banquillo o en la barra de los bares? Aunque luego, claro, están también los que no tienen ningún sitio donde apoyarse y probablemente no participen de este teatro de vanidades. España no es Roma, y su caída no la contó Gibbon, sino que la cantaron los Nikis en los años ochenta. ¿Es que no somos un imperio? No me extraña que Carles Puigdemont pretenda volver como si él fuera Luke Skywalker.

IDEAL (La Cerradura), 17/12/2017

jueves, 14 de diciembre de 2017

Desigualdad autonómica y reforma constitucional


La Constitución española no consagra la desigualdad ni los privilegios fiscales en la financiación autonómica. Si actualmente existen desigualdades y privilegios se debe solamente a la negociación (y a una mala gestión) política,  no  a cuestiones de técnica jurídica. De hecho, la evolución del sistema de financiación autonómica ha dado al traste con el Estado de las Autonomías tal y como estaba concebido en la Constitución de 1978, y los responsables de ello han sido, en última instancia, los sucesivos presidentes del Gobierno central desde la Transición hasta ahora. Y los presidentes autonómicos, claro, que han pecado de un egoísmo digno de estudio, empezando por el País Vasco, siguiendo por Cataluña y terminando en Andalucía, comunidades que han enarbolado siempre el “yo más”, el “yo también” o, simplemente, el socorrido “¿y yo qué?” Porque el Estado autonómico estaba previsto para las nacionalidades históricas –País Vasco, Cataluña y Galicia-, pero no para todas las regiones españolas, empeñadas desde entonces en convertirse en nacionalidades o naciones a secas, lo que han recogido en sus estatutos (Andalucía, Comunidad Valenciana, Aragón, Canarias, Islas Baleares), por eso del “y yo también”.

Y con ese punto de partida, necesariamente limitado en sus posibilidades, y esa deriva, el Estado autonómico es inestable, pues no estaba pensado para un Estado de diecisiete Comunidades Autónomas (más dos ciudades autónomas) que, en la práctica, funciona ya como un Estado federal. En ese sentido, no está de más recordar que la autonomía política que se ejerce normalmente en estos parlamentos es esencialmente un “poder de autodeterminación”, tal como lo definía Entrena Cuesta.

 Sin embargo, la Constitución española no recoge de manera concreta los recursos de las Comunidades Autónomas, y la remisión que hace el artículo 157 a una ley orgánica (la actual Ley Orgánica de Financiación de las Comunidades Autónomas) para establecer su sistema de financiación sólo ha propiciado negociaciones y tensiones políticas en el Consejo de Política Fiscal y Financiera, un organismo que no es el más adecuado para tomar decisiones que afectan a la financiación de las Administraciones públicas y a la postre a la propia organización territorial del Estado; y donde, dado su régimen jurídico, el Gobierno central suele imponer sus criterios. El lugar para definir el sistema de financiación de las Comunidades Autónomas es el Senado, que debe convertirse primero en una verdadera cámara de representación territorial.  

Pero ¿tan difícil es hacer un sistema de financiación estable? Pues sí, si tenemos en cuenta que los partidos políticos y sus líderes suelen preferir la demagogia a la pedagogía con la población y a la sincera negociación política. ¿Y qué hacer? Pues dejar las ambiciones políticas y las cuestiones identitarias al margen y afrontar una reforma serena de la Constitución de 1978, que, más que una reforma de calado, quizá necesite tan sólo unos cuantos remiendos.

Así, en lo que a la financiación autonómica se refiere, el propio texto constitucional debería efectuar un reparto adecuado de las fuentes de financiación disponibles entre todos los entes territoriales, garantizando no sólo la autonomía financiera de las Comunidades Autónomas, sino también la suficiencia financiera de la Hacienda local, tal como apuntó en su día Zorzona Pérez. Esto es, atendiendo a los niveles de competencias, proceder a un adecuado reparto de las fuentes de riqueza sobre las que recaen los diferentes tributos, de modo que quede garantizada su capacidad de obtención de recursos suficientes en todo tipo de coyunturas económicas y evitando dobles imposiciones.

Porque, en puridad, hoy no podemos hablar de titularidad de las Comunidades Autónomas (al menos las de régimen común) sobre los recursos tributarios recaudados en su territorio o de sus residentes, pues, fundamentalmente, estos recursos provienen de los impuestos estatales cedidos y, en menor medida, de los tributos propios. Sí podemos decirlo respecto al País Vasco y Navarra, por los regímenes del concierto y el convenio económico con el Estado, que es una de las primeras fuentes de inestabilidad del actual sistema, al generar malestar en aquellas comunidades que, con similares niveles de renta que las citadas, no tienen la misma capacidad de decisión respecto a sus políticas fiscales. Sin embargo, pienso que también sería posible decirlo de todas las Comunidades Autónomas si estos recursos están establecidos de una manera más concreta en la propia Constitución, especificando los tributos y las competencias en materia tributaria de cada administración territorial.

Más que a la conversión de España en un Estado federal, que no es más que una cuestión terminológica en relación con el Estado autonómico (lo apuntaban hace poco en su propuesta una decena de catedráticos de Derecho Constitucional coordinados por Santiago Muñoz Machado, entre los que se encuentra el catedrático de la UGR José Antonio Montilla Martos), a ese fin pienso que debería ir encaminada una futura reforma constitucional.

IDEAL, 14/12/2017

domingo, 10 de diciembre de 2017

Medir las palabras

Los buenos libros están llenos de hallazgos que te hacen levantar la vista del papel, meditar, subrayar esa frase o apuntarla en una libreta. Y en ese espacio de reflexión el pensamiento se ha transformado un poco, porque se trata de una revelación que da sentido a tu vida, el milagro cotidiano de que un escritor te cuente exactamente lo que tú querías decir. Con esas frases que seleccionamos de los libros y autores especiales escribimos nuestra propia biografía. Es lo que ha hecho Carmen Canet en el libro “Él mide las palabras y me tiende la mano” (Valparaíso Ediciones, 2017) que, desde el propio título, recoge aforismos en la obra de Luis García Montero. Y hay en ese trabajo una especie de reescritura, pues Carmen Canet, que escribe aforismos, escoge versos y frases que, aunque estaban contenidos en poemas y novelas, renacen en un nuevo género al individualizarse en el papel. Y es que “hay versos, imágenes, palabras que se deciden a poner patas arriba el mundo”. En eso consiste escribir aforismos, aunque Luis García Montero no lo haya hecho quizá conscientemente, y haya recibido como un regalo esta relectura de su obra. La mirada de Carmen Canet mide también las palabras para ofrecernos el pensamiento esencial del poeta y construir un breviario, una buena compañía. Parafraseando uno de los aforismos de la propia Carmen Canet (de “Malabarismos”, Valparaíso Ediciones, 2016), ella ha sabido transformar el fragmento en totalidad, y llevar a este libro el resultado de la íntima conversación que ha mantenido con uno de sus autores predilectos durante años. “Las palabras prestadas de otros escritores son el bagaje que la lectura nos deja”, escribe Carmen. En este sentido, los libros que fundamentan esta selección son todos los libros de poesía publicados por Luis García Montero desde 1980 hasta la actualidad, así como sus novelas, por lo que esta lectura define a un autor cuyas reflexiones, como la propia Canet explica, “conforman un ámbito de lucidez donde la identidad y la voz propia de su implicación moral, honesta y militante rebasa lo puramente literario”. Y de la lectura de este libro eso resulta incuestionable, aunque vivamos en una ciudad que presta mucha más atención a las máscaras y al personalismo, y donde la envidia se cobra precios que la inteligencia no siempre puede pagar. Aunque yo prefiero las obras a los personalismos, y a veces incluso a las personas. “Él mide las palabras y me tiende la mano”; eso es lo que solemos pensar los lectores de Luis García Montero.

IDEAL (La Cerradura), 10/12/2017